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Un microscopio especial para estudiar las rocas

14/06/2017

El microscopio petrográfico es un instrumento esencial para determinar los minerales que forman las rocas. Permite analizar los fenómenos que tienen lugar cuando la luz polarizada atraviesa los minerales y así poder identificarlos por sus propiedades ópticas. Es un microscopio histórico que forma parte de la colección de instrumentos científicos de Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) y se exhibe en la sala de minerales y rocas.

 

El avance del saber y el progreso de la ciencia le deben mucho a los instrumentos científicos. En las últimas décadas, los historiadores de la ciencia han renovado su interés por estos objetos y los analizan desde nuevas perspectivas. En los siglos XVII y XVIII, los que diseñaban instrumentos solían diferenciar entre instrumentos matemáticos, ópticos y filosóficos. Fue el matemático británico James Clerk Maxwell (1831-1879) el que señaló que un objeto se transforma en instrumento científico por el uso, es decir, adquiere esta condición por el hecho de ser utilizado en una investigación científica.


La petrografía es una rama de la geología que se dedica a la descripción y el análisis de las rocas. Para reconocer una roca tenemos que examinar su composición mineralógica y el tipo de textura o relación entre sus componentes. Aunque hay minerales y texturas que son visibles a simple vista, o con la ayuda de una lupa, un estudio minucioso requiere la observación con un microscopio petrográfico o de polarización.


La estructura del microscopio petrográfico es similar a la del microscopio óptico, pero tiene la particularidad de que utiliza luz polarizada, que es aquella que vibra en un solo plano, a diferencia de la luz ordinaria o blanca que vibra en todas las direcciones alrededor de la línea de propagación. Para la obtención de esta luz polarizada se utilizan dos prismas de calcita, colocados uno por debajo (el polarizador) y otro por encima (el analizador) de la muestra de roca que se va a estudiar.


Como las rocas no son transparentes, para verlas con el microscopio es necesario hacer un corte muy fino, de unas 30 micras, que se conoce como lámina delgada y posibilita que la luz pueda atravesarla. Para determinar el tipo de roca, normalmente basta con identificar los minerales esenciales que la componen y la textura, es decir, las relaciones geométricas entre los minerales, atendiendo a su tamaño, forma y distribución.


El microscopio petrográfico que protagoniza esta entrada fue construido por la firma parisina Nachet en torno a 1880; Camille Sebastien Nachet fue incluido entre los mejores fabricantes de microscopios de su época en París. Es un gran microscopio para uso mineralógico que consta de un sistema de luz reflejada y transmitida con cámara clara, polarizador y analizador, platina giratoria y cartesiana; es de latón y mide 39 cm. Procede del Instituto Lucas Mallada, y debido a su mal estado de conservación, en 1994 se procedió a su restauración: se desmontó, se pulió, se lacó, se platearon las escalas y se restauró el esmalte.


Los instrumentos científicos, como este microscopio, ilustran el quehacer cotidiano de los investigadores. Si se añade la documentación relacionada con los aparatos, como libros de instrucciones, catálogos comerciales, etc., se pueden reconstruir también las biografías de sus creadores y analizar su periplo comercial. El interés de los científicos e historiadores por las fuentes materiales de la ciencia experimental ha motivado que el estudio de los instrumentos científicos se haya convertido en una especialidad de la historia de la ciencia.


Más allá de su valor patrimonial, este microscopio nos invita a reflexionar sobre la evolución de las técnicas de investigación geológica, como es el paso de la petrografía microscópica o micropetrografía, a las nuevas posibilidades que ofrece la espectroscopía Raman (ER) para estudiar los minerales y rocas con métodos no destructivos.


Referencias bibliográficas:


García Belmar, A., Bertomeu, J. R. 2000. Instrumentos científicos. Viejos objetos para una nueva historia de la ciencia. Mètode, 25: Primavera 2000.

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