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Comunicación acústica en anuros ibéricos: Influencia del clima, hábitat y el ambiente sonoro

13/05/2014

Todo aquel que se haya aproximado a una charca en una noche de verano habrá escuchado el croar de ranas y sapos durante la reproducción. La comunicación acústica es clave en la atracción y selección sexual de un gran número de especies de anfibios anuros. La tesis doctoral realizada en el Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) por Diego Llusia analiza la influencia de factores como el clima, el hábitat y el ambiente sonoro en la actividad acústica de diferentes especies de anuros ibéricos.

 

Son muchos los factores ambientales que pueden influir en la emisión, propagación y recepción de señales acústicas en los anuros. Por ello, cabe esperar que las alteraciones provocadas por las actividades humanas en el clima, el hábitat o el entorno sonoro condicionen la comunicación acústica de este grupo de anfibios. De este modo, el cambio global plantea nuevas incógnitas sobre la capacidad de respuesta de estas especies.


La tesis doctoral de Diego Llusia aborda estos interrogantes a partir de dos enfoques: uno observacional, para determinar la influencia del clima y el calentamiento global, y otro experimental, para examinar cómo influyen el hábitat y el ambiente sonoro en la comunicación acústica de los anuros ibéricos.


Para analizar el efecto del clima se ha utilizado el audio-trampeo o seguimiento acústico automático, que es una técnica muy prometedora para estudiar la comunicación acústica. Esta técnica genera una gran cantidad de información, pero tiene un inconveniente y es que toda esa información ha de ser filtrada mediante sistemas automáticos de reconocimiento de señales, los cuales son aún muy ineficaces. Para superar estas limitaciones, y poder emplear el audio-trampeo en ecología y biología del comportamiento, se propone la calibración de las estaciones de seguimiento y el procesamiento semiautomático en tres pasos de los registros.


La termorregulación es muy importante en los animales ectotermos, como los anfibios, ya que éstos deben mantener la temperatura corporal dentro de un rango óptimo para el desarrollo de sus funciones vitales. Un modo de reducir su exposición a temperaturas extremas consiste en cambiar sus patrones diarios o estacionales de actividad, entre ellas la acústica. En el caso de los sapos del género Alytes y las ranas del género Hyla no se han encontrado variaciones geográficas en sus patrones circadianos, aunque en las poblaciones cálidas los periodos reproductivos son más largos y se inician antes que en las poblaciones frías.


Al explorar cómo varía la actividad acústica de los anuros en ambientes térmicos muy diferentes, se aprecia que las especies ibéricas de Alytes e Hyla emiten llamadas de apareamiento en un rango amplio de temperaturas, en relación con las temperaturas potenciales de sus hábitats de reproducción, llegando a alcanzar amplitudes térmicas superiores a los 15oC durante sus exhibiciones sexuales. Todo ello sugiere que el actual calentamiento global podría no inhibir directamente el comportamiento de canto en estas especies.


Además de la temperatura, existen otros factores que pueden condicionar la actividad acústica, ya sean climáticos (humedad, presión atmosférica, etc.) o sociales (actividad de machos de la misma especie, tamaño del coro, etc.). La formación diaria de coros y su hora de inicio, en relación a la puesta del sol, es muy estable a lo largo del periodo reproductivo, aunque su duración cada noche es muy variable y está influida, entre otros factores, por el tamaño del coro, de modo que un mayor número de machos participando en las exhibiciones sexuales favorece que éstas duren más tiempo. Por tanto, el tiempo que los individuos invierten en participar en los leks o coros está relacionado con la estimulación social que representa la presencia de otros machos con los que compiten por las hembras.


Por otra parte, una fase fundamental del proceso comunicativo es la propagación de las señales. Según la hipótesis de la adaptación acústica, propuesta a partir de evidencias halladas en aves y mamíferos, la selección favorecería el desarrollo de señales que se propaguen mejor en los hábitats naturales de las especies.


Sin embargo, los experimentos realizados por Diego Llusia muestran que las llamadas de apareamiento de una especie invasora como la rana toro (Lithobates catesbeianus) se propagan mejor que las de la rana común (Pelophylax perezi). Esto sugiere que el tamaño corporal o de las estructuras de producción del sonido influyen en la transmisión del canto, de modo que el menor tamaño de la rana común y otras especies nativas limita la propagación de sus llamadas, incluso en sus áreas naturales de distribución. Además de la diferencia que se observa entre especies, la propagación del sonido es más eficiente en los sustratos acuáticos que en los terrestres.


Con el crecimiento de la población humana también han aumentado las infraestructuras de transporte y las zonas urbanas e industriales, y con ellas la contaminación acústica. Cómo responden las especies cuando se someten a distintos ambientes sonoros y cuál es el efecto que ejercen los ruidos artificiales, naturales y antrópicos en las llamadas de apareamiento, son dos de las cuestiones planteadas en esta tesis. En el caso del sapo partero ibérico (Alytes cisternasii), la exposición a ruidos naturales, sintéticos y de origen humano (tráfico rodado) en niveles moderados o intensos (63-81 dB) genera una notable disminución de la tasa de emisión de las llamadas de apareamiento.


Por último, distintos grupos animales usan información acústica no dirigida a ellos para evaluar el riesgo de depredación. Aunque los sapos y las ranas disponen de una gran capacidad auditiva, se desconoce si son capaces de utilizar este tipo de información presente en su ambiente sonoro. En los experimentos realizados en esta tesis, el sapo común (Bufo bufo) no respondió ante las vocalizaciones de la nutria (Lutra lutra). Esto sugiere que en los anuros, las vocalizaciones de los depredadores podrían tener un menor peso que otras modalidades sensoriales, como los sonidos de baja frecuencia o las señales sísmicas transmitidas por el sustrato, a la hora de evaluar el riesgo de ser depredados.


"La comprensión de cómo los ectotermos establecen una comunicación acústica eficaz haciendo frente, por un lado, a sus limitaciones eco-fisiológicas y, por otro, a ambientes térmicos cambiantes y heterogéneos relacionados con sus hábitats de reproducción, ha de ser un objetivo prioritario de futuras investigaciones" precisa Diego Llusia, que con su trabajo contribuye a consolidar la bioacústica como disciplina científica en nuestro país.


Referencia bibliográfica:


Llusia, D. 2013. Comunicación acústica en anuros ibéricos. Influencia del clima, hábitat y el ambiente sonoro. Tesis doctoral, Universidad Autónoma de Madrid.

 

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