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El meteorito que cayó en Nochebuena

27/04/2017

En la madrugada del 24 de diciembre de 1858 un aerolito cruzó la atmósfera en la localidad murciana de Molina de Segura produciendo un gran ruido y un temblor similar a un terremoto. Unos días después un labrador encontró el meteorito más grande caído en España, del que existe una excelente documentación en el Archivo del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC). Esta magnífica pieza se exhibe en la Sala de Meteoritos del Museo.

 

Las civilizaciones antiguas creían que los meteoritos eran portadores de mensajes de los dioses. En algunos casos fueron considerados objetos religiosos, preservándolos en iglesias, monasterios y santuarios. Pero también, los meteoritos metálicos fueron empleados para hacer distintos tipos de utensilios y herramientas; para acuñar monedas; para fabricar armas como hachas, puntas de lanza y arpones.


A pesar de las numerosas evidencias de caídas de piedras y fragmentos de metal del cielo, los científicos no admitían que los meteoritos procediesen del espacio. Un pionero del estudio de los meteoritos fue el físico Ernst Florens Friedrich Chladni (1756-1827), que examinó numerosos documentos sobre caídas de meteoritos en todo el mundo y desarrolló una teoría según la cual las piedras y trozos de metal que caían del cielo provenían de cuerpos en el espacio, en órbita alrededor del Sol. Sin embargo, sólo después de que Jean Baptiste Biot (1774-1862) investigase la lluvia de meteoritos que aconteció en la localidad francesa de L´Aigle en 1803, se aceptó su origen extraterrestre.


Desde que se desprenden de sus cuerpos progenitores tras formidables colisiones, los aerolitos -para ser meteoritos tienen que tocar la tierra- suelen pasar varias decenas de millones de años en el espacio interestelar. Se estima que cada día llegan a la Tierra en torno a 100.000 toneladas de material extraterrestre, desde partículas de pocas decenas de micras hasta grandes rocas procedentes de asteroides, cometas o planetas, que producen espectaculares bolas de fuego, denominadas bólidos. La mayoría de partículas que alcanzan la atmósfera se desintegran antes de tocar el suelo y de todo este material apenas se recupera un 1% ya que la gran mayoría caen en los océanos o en zonas despobladas.


La mayoría de los meteoritos son más antiguos que las rocas más viejas de la Tierra. Estas rocas, que acumulan 4.000 millones años de historia, se han visto alteradas por la acción de la lluvia, el viento y los movimientos de la corteza terrestre. No ocurre así con los asteroides de donde proceden la mayoría de los meteoritos que apenas han cambiado desde su formación, por lo que contienen fragmentos primigenios de la historia del Sistema Solar. Su estudio aporta claves importantes para comprender el origen y la edad del Sistema Solar, la síntesis de compuestos orgánicos, el origen de la vida o la presencia de agua en la Tierra.


El meteorito de Molina de Segura es una condrita, es decir un meteorito no diferenciado que no ha sufrido fusión tras su formación hace unos 4.555 millones de años. Originalmente fue clasificado como una L condrita debido a un error en el etiquetado de la colección del American Museum of Natural History de Nueva York, pero es una H5 condrita e incluye plagioclasa, troilita y cromita. "Molina" es el nombre oficial de la pieza en la Meteoritical Bulletin Database.


Este meteorito está magníficamente documentado gracias al informe encargado por Rafael Martínez Fortún, propietario de la finca donde cayó. Esta documentación detalla las circunstancias que acompañaron y precedieron a su caída, así como información relativa a su forma y peso, obtenida a partir de las declaraciones de diferentes testigos ante el juez.


Los testigos relataron que aquella madrugada la atmósfera se hallaba completamente despejada y la luna brillaba en su plenitud, cuando de repente un gran ruido seguido de un magnífico globo de fuego con los colores del arco iris oscureció la luz de la luna y descendió pasando a poca distancia de la torre de la catedral, recorriendo unas tres leguas para ir a caer en un bancal de la hacienda del Sr. Martínez Fortún. En el momento del impacto se produjo una sacudida y una vibración en la tierra que pudo sentirse en la ciudad y que despertó a muchas personas que se hallaban durmiendo.


A los cuatro o seis días del suceso, el labrador que cultivaba esa hacienda encontró un gran hoyo y la tierra removida en un campo de cebada, sin ninguna otra huella o rastro de personas ni animales. Más tarde, cuando cosechaban la cebada, otro segador encontró una piedra rectangular de color negruzco y un peso enorme en relación a su volumen. El informe habla de una figura casi cuadrangular de relieve irregular, con pequeños salientes y concavidades, de color negruzco ferruginoso y con un brillo que indica que no había estado adherida a ningún otro cuerpo. Su peso ascendía a diez arrobas, ocho libras y dos onzas castellanas.


Cuando Martínez Fortún descubrió que se trataba de un aerolito decidió remitirlo al Museo de Historia Natural -el MNCN actual- para ponerlo a disposición de los hombres de ciencia. Finalmente, en 1863 la reina Isabel II aceptó su donación al Museo. Tres años más tarde, el meteorito se exhibió en la Exposición Universal de París de 1867.


En los museos de historia natural es habitual el intercambio de especímenes o piezas ya que así pueden incrementar y mejorar sus colecciones. En el caso de los meteoritos, lo que se hace es cortar cuidadosamente el meteorito en secciones, en ocasiones sólo es posible extraer láminas muy finas, para su intercambio o estudio. En el Archivo del MNCN se conserva una nota manuscrita del geólogo Lucas Fernández Navarro, fechada en 1922, donde indica que se cortaron varios trozos del meteorito, que entonces pesaba 117 kg, que sumaban 3.270 gramos y proporcionaban material de cambios abundante y apreciado, ya que se trataba de la joya de la colección.


Actualmente hay ejemplares de este meteorito en Chicago, Washington, París, Viena, Berlín, Londres y el Vaticano, aunque el más grande (112,5 kg.) sólo puede verse en el Museo.


Referencias bibliográficas:


Moreno López, M. 1863. Expediente relativo a la adquisición del aerolito caído en 1858 cerca de la villa de Molina, en Murcia, donado por Rafel Martínez Fortún y remitido al Museo de Ciencias por el Director del Instituto de Murcia, Angel Guirao. Archivo del Museo Nacional de Ciencias Naturales, signatura: ACN0258/004.


Paluzíe Borrell, A. 1951. Meteoritos españoles. Urania, 225: 1-24.


Pérez Mateos, J. 1954. Revisión, por análisis espectroquímico, del estudio de los meteoritos españoles que se conservan en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid. Bol. R. Soc. Esp. Hist. Nat., 52: 97-119.


García Guinea, J., Martín Escorza, C., Fernández Hernán, M., Sánchez Muñoz, L., Correcher, V., Sánchez Chillón, B., Tormo, L. 2006. Meteoritos españoles del Museo Nacional de Ciencias Naturales. Estudios Geológicos, 62 (1): 11-30.


Martínez-Frías, J. Lunar, R.. 2008. Molina de Segura: the largest meteorite fall in Spain. Astronomy & Geophysics, 49 (4): 26-29. doi.org/10.1111/j.1468-4004.2008.49426.x


Llorca Piqué, J. 2013. ¿Caídos del cielo? Meteoritos en la historia y en la historia de la ciencia. Enseñanza de las Ciencias de la Tierra, 21 (3): 254-262.

 

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