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“Las vitrinas de la exposición de minerales del MNCN explican gran parte de la conquista española de América”

03/05/2016

Hasta mediados del siglo XIX el Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) estuvo considerado como uno de los mejores de Europa, especialmente en el campo de la mineralogía. Sus colecciones históricas nos permiten retroceder en el tiempo y para guiarnos nadie mejor que el geólogo Javier García Guinea, profesor de investigación del CSIC, y gran conocedor de la colección de geología, de la que fue conservador durante una década.

 

Pedro Franco Dávila, el primer director del Real Gabinete de Historia Natural, aportó una amplia colección de minerales y rocas. Además del indudable valor histórico, ¿por qué es interesante?


En mi opinión la importancia de Dávila en relación con la colección de Geología está un poco mitificada. Aquí hay piezas anteriores a su llegada, como el platino que trajo Antonio de Ulloa de América, que data de 1754; también hay piezas magníficas como las esmeraldas, que proceden del Real Laboratorio de Mineralogía de Indias, etc. También están los mármoles reales, algunos de principios del siglo XVIII (de la época de Felipe V); por ejemplo, tenemos un mármol de Urda (Toledo) que trajo el escultor Giovanni Domenico Olivieri en 1744.


¿Y de las piezas de la colección de Franco Dávila qué sabemos?


Existe un catálogo detallado de las piezas que trajo Franco Dávila al Museo, también se conservan muchos de sus minerales, sin embargo yo no tuve tiempo para llevar a cabo la correlación entre las piezas existentes y el listado. No resultaba sencillo, en la época de Dávila entraron numerosas piezas que estaban identificadas con unas etiquetas doradas. Una de las piezas más interesantes es el yeso de Dax, procedente del sur de Francia.


Nuestro pasado colonial en América nos ha permitido reunir una colección de metales preciosos gracias a la minería. ¿Qué nos puedes contar de los ejemplares que custodia el museo?


Las vitrinas de la exposición de minerales del MNCN explican gran parte de la conquista española de América. Durante muchísimo tiempo fueron los reyes y los virreyes los que se preocuparon de proporcionar piezas al museo. Hay muchísimos envíos de América y tenemos un armario gigantesco repleto de piezas de Chile y de Perú que me resultaba muy difícil ordenar, porque los minerales de cobre me parecían todos iguales. Yo he estudiado particularmente el material procedente de México, lo que era la Nueva España antes de 1821. México es el principal productor de plata del mundo, de hecho llegó a tener 3.000 pueblos sacando plata simultáneamente. La conquista de México y la subida hacia el norte, hacia los Estados Unidos, tenía como objetivo fundamental el oro y la plata. En el Museo conservamos algunos restos de plata de Corocoro, Coquimbo, Copiapó... Queda algo de oro nativo de México, a pesar de que el Museo ha sido robado y expoliado a lo largo de toda su historia. Han entrado muchas piezas que ahora no están, porque en su día profesores o investigadores que pasaron por el museo se las llevaron a otros centros.


La colección de geología del MNCN también se nutre del legado de importantes expediciones como la realizada en 1895-1900 por los Hermanos Heuland. ¿Qué destacarías de esta colección?


La colección Heuland es un reflejo del Chile actual. Este país es el principal productor de cobre del mundo y tiene unas minas gigantescas. Los minerales que conservamos han sido colectados en diferentes lugares de Chile y son interesantes porque proceden de la superficie, no de la cantera; es lo que llamamos minerales supergénicos porque están sin alterar o sólo alterados por el ambiente. En la colección hay brochatita, atacamita, antelerita, copiapita, coquimbita y una cantidad de sulfocarbonatos de cobre raros que han sido descubiertos en un ambiente muy árido como es el desierto de Atacama. Se trata de una colección que está ordenada atendiendo a los yacimientos donde fueron recolectadas las piezas. Si contásemos con presupuesto, podríamos identificar todos los minerales que hay en las muestras recogidas durante la expedición, utilizando la espectroscopía Raman. Esta técnica nos permite identificar los minerales sin necesidad de destruir el material como se hacía antes.


Háblanos un poco de las rocas que hay en la colección.


Aparte de la gran colección de placas de mármol pulido de 21x21 cm, la colección de rocas históricas en bruto con formatos más pequeños que hay en el Museo son escasas. En España, las rocas no han interesado nunca porque se consideraba que no valían para extraer metales. La petrografía o estudio de las rocas empezó a interesarnos a partir de 1870 cuando el geólogo José MacPherson introdujo las técnicas petrográficas que permitieron hacer las primeras secciones de rocas, a partir de las cuales se podía diferenciar por ejemplo una roca volcánica de una plutónica. Con su fortuna personal creó un laboratorio privado para la investigación de los minerales petrográficos en secciones delgadas.


Pero en las dos o tres últimas décadas del siglo XX si hubo recursos, al menos para hacer cartografía geológica petrológica.


Fue después de la erupción del volcán Teneguía (La Palma) que tuvo lugar en 1971. El geólogo José María Fuster obtuvo muchos recursos para hacer la cartografía de las islas Canarias y desarrollar un programa de geotermia. Para realizar la cartografía petrológica de las islas había que analizar miles de rocas, por lo que se formó una litoteca con las pastillas y fragmentos de roca que se utilizaban para hacer preparaciones microscópicas. Ésta pertenecía al Instituto Lucas Mallada de Investigaciones Geológicas que en 1984 pasó a formar parte del MNCN y fue entonces cuando se incorporó a nuestra colección.


El MNCN es un centro de referencia para el estudio de los meteoritos que caen actualmente y posee la principal colección de meteoritos en España.

 

Así es. Tenemos alrededor de 300 meteoritos procedentes de diferentes partes del mundo, obtenidos por intercambio con otros museos. Muchos de estos intercambios tuvieron lugar en la época en la que el geólogo Salvador Calderón dirigía el departamento de Geología del Museo (1901-1910). Además tenemos una treintena de meteoritos españoles fechados entre 1773 (meteorito de Sena, Huesca) y 2009 (meteorito de Puerto Lápice, Ciudad Real). Como las caídas de meteoritos son episodios geológicos y sociales apasionantes, disponemos de mucha información. En el Archivo del MNCN se conservan numerosas etiquetas antiguas y diversa documentación relacionada con las caídas y hallazgos de algunos de los ejemplares (mapas, cartas, etc.).


La colección de lapidarios es una colección singular ya que combina arte e historia. ¿Qué tipo de objetos alberga?

 

Los objetos lapidarios son muy variados y tienen diversas procedencia: hay estatuillas chinas y japonesas del siglo XVIII enviadas por el botánico Juan de Cuellar; placas de ágata que pertenecían a los bargueños de los siglos XV al XVII, ya que era frecuente intercalar piedras o cuarteroncillos en los muebles; lapidarios de La Toscana, de los Médicis, etc. Pero lo más espectacular es la creación del Real Laboratorio de Mosaicos y Piedras Duras del Buen Retiro (1763-1808). Desde un principio el Real Laboratorio tuvo dos secciones: una de obras de relieve y camafeos dirigida por el florentino Francisco Pogeti y otra de mosaicos y tableros de mármol dirigida por el romano Domingo Stequi. Muchas de las piezas de la colección, que son mesas y consolas de mosaicos de piedras duras con un diseño y una ejecución perfecta, fueron manufacturadas allí. Ahora podemos contemplarlas en el Museo del Prado.

 

Actualmente estás finalizando un catálogo de mármoles. ¿Qué nos puedes adelantar del mismo?


Cuando vine al museo en 1983, al entrar se veía en la pared una serie de mármoles de España como los que pudieron verse en la Exposición Universal de París de 1867. Al remodelar el museo tuvimos que recogerlos y guardarlos en el almacén. Con el tiempo y con la ayuda de algunos geólogos voluntarios hemos escaneando todos los mármoles, 350 placas de 21x21 cm, para hacer un catálogo con fotos de alta resolución. También hemos añadido un capítulo de canteras españolas y otro de los mármoles del Palacio Real de Madrid, en el que hablamos del Real Taller de Mármoles y del origen de los mármoles de las estatuas del Palacio Real. El Catálogo de los Mármoles del Museo será accesible en línea en DIGITAL CSIC. Curiosamente va a estar disponible antes que el catálogo de los mármoles italianos.

 

Llama la atención el escaso número de minerales que llevan nombres de topónimos españoles como pueden ser: guejarita, rodalquilarita, aragonito, linarita o andalucita...

 

Este hecho ilustra bien el secular atraso científico de nuestro país. Por ejemplo, los primeros ejemplares de andalucita estudiados por el geólogo alemán Werner procedían de El Cardoso (Guadalajara), pero por error se creyó que venían de Andalucía y de ahí su nombre. Otro ejemplo es la bolivarita que fue encontrada por dos geólogos españoles en Campo Lameiro (Pontevedra) y nombrada así en 1921 en homenaje a Ignacio Bolívar, antiguo director del MNCN. Lamentablemente, las bolivaritas históricas del museo no eran tales, sino evansitas de Hungría, mineral que ya había sido descrito en 1890. Otro caso es el caolín o montaña blanca que en 1920 lo reinventamos como calafatita y claro, luego no nos validaban los inventos.

 

Pero la ciencia española también ha hecho descubrimientos importantes, por ejemplo: el platino.

 

Sí, el español Antonio de Ulloa describió el platino y fue en el Real Seminario de Vergara (Guipúzcoa) donde el francés François de Chabaneau y el español Fausto de Elhuyar obtuvieron platino puro a partir de las arenas platiníferas del Chocó (Colombia). Pero los otros elementos químicos que acompañan al platino como el rodio, el iridio, el paladio, el rutenio o el osmio, los descubrieron los ingleses con el platino español procedente del Chocó y pasado de contrabando a su colonia de Jamaica. Nosotros poníamos los minerales y los ingleses la ciencia. Hay que reconocer que el poderío francés y británico ha sido tremendo y en aquellos años nos hundían en la miseria.

 

La gestión de colecciones cuando el personal y los recursos son escasos implica mucho trabajo y dedicar un tiempo considerable a tareas poco gratificantes. ¿Cómo recuerdas la época en la que fuiste conservador (1985-1994)?


Yo me hice cargo de la colección en una época en la que el museo se encontraba en una situación de abandono. La sala de geología estaba como aparece en el catálogo elaborado por Lucas Fernández Navarro, el jefe de Mineralogía del Museo, en 1925. Tuve que limpiar y ordenar la colección, en torno a unos 15.000 minerales, diseñar las etiquetas y cumplimentarlas. Estuve un año y medio etiquetando todo el material para la exposición que se inauguraría en 1989; a los minerales más importantes les ponía un punto rojo. Sólo hay dos comentarios que quiero hacer: primero, se pueden localizar informáticamente las piezas históricas, porque figura la procedencia; y segundo, el cuarzo lo hemos colocado junto a los feldespatos porque es un silicato y no un óxido de silicio. El cuarzo está incluido como óxido en la clasificación de Strunz, lo cual es válido para un químico pero no para un geólogo.


¿Por qué dejaste la colección?


Lo dejé para dedicarme a la investigación, ya que en el CSIC siendo conservador no hay expectativa de progreso profesional. Pero sigo muy vinculado a la colección, a mí me gusta mucho el trabajo de conservador porque puedes aprender mucho y tener experiencias muy bonitas. Cuando empecé pensaba que trabajaba con minerales y ahora me doy cuenta de que, ante todo, son objetos históricos. Éste es un museo de historia de las ciencias naturales.


¿Cuáles son en tu opinión los principales retos a los que se enfrenta esta colección?


Como ocurre con el resto de las colecciones la falta de recursos y de personal dificulta mucho la gestión. Antes había que destruir muchas piezas para separar y ordenar los minerales; hoy, afortunadamente, disponemos de una técnica muy eficaz como la espectroscopía Raman, que nos permite identificar correctamente los distintos minerales. Esta tecnología es esencial pero es muy cara, por lo que apenas podemos utilizarla. Es una verdadera lástima, disponemos de material de gran valor histórico y geológico sin poderlo estudiar.


Siempre has defendido la cercanía del científico a la gente, su implicación en la divulgación y difusión del trabajo que se hace en el museo. ¿Cómo se refleja esto en la colección de geología?


Esta colección presenta una particularidad y es que viene mucha gente con supuestos meteoritos a la que hay que atender. Yo lo hago del siguiente modo: les llevo al taller, cortamos la piedra y les muestro que tiene cuarzo, o cualquier otro mineral de texturas y origen claramente terrícolas, por lo que no es un meteorito. Hace 30 años venía una persona al año pero ahora vienen doscientas. Y nuestro deber, como museo, es atenderlos a todos.


¿A qué se debe en tu opinión este inusitado interés por los meteoritos?


Antes la gente iba al campo y veía escorias de fundición y sabía que había herreros que herraban caballos y el estiércol de la herrería se utilizaba para abonar el campo junto con las escorias de la fundición del hierro. Cuando llovía, se veían las escorias en el sembrado y la gente sabía identificarlas, ahora no. La gente conoce la NASA y puede ver las imágenes de muchísimos meteoritos y piensa que puede haber encontrado uno. Pero se trata de escorias de hierro, escorias de cobre, basaltos negros, goethitas naturales, piritas oxidadas. Sólo puedo recordar uno auténtico, el meteorito de Villalbeto de la Peña (Palencia). Y lo cierto, es que siempre estoy muy agradecido a la gente que me trae meteoritos de verdad.

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