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Evolución por selección sexual según Darwin. La vigencia de una idea

19/12/2013

Darwin propuso una teoría de la selección sexual tan revolucionaria y adelantada a su tiempo que tardó más de un siglo en ser entendida. El biólogo evolutivo Juan Moreno, Profesor de Investigación en el Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC), es un profundo conocedor de la obra de Darwin. El libro que acaba de publicar aborda la parte más original de la teoría sobre evolución sexual, aquella que versa sobre la elección de pareja por parte de las hembras.

 

A lo largo del libro el autor argumenta que las sorprendentes manifestaciones y exhibiciones de los animales y de muchas plantas son todo menos arbitrarias. Señala que la apelación al azar en evolución, en realidad oculta nuestra ignorancia sobre los factores implicados en muchos procesos evolutivos; la selección está sucediendo continuamente y no sólo cuando aparece cierta novedad evolutiva.


Darwin sostiene que los criterios de elección de las hembras están basados en el vigor y eficacia de los machos portadores, y no en un simple valor estético. Es equivocado centrarse en el valor utilitario de determinadas formas o conductas, por ejemplo la cola del pavo real, inútil y letal desde el punto de vista de la supervivencia, pero eficaz para dejar más descendientes. Como señala el autor, un organismo que vive eternamente pero no se reproduce es un callejón sin salida evolutivo.


El auténtico fundamento de la selección sexual, que ya fue intuido por Darwin, hay que buscarlo en la gran diferencia en el tamaño de las células sexuales masculinas y femeninas -conocida como anisogamia- donde compiten los numerosos y baratos gametos masculinos con los escasos y costosos gametos femeninos. La anisogamia sería el resultado de la tensión entre dos presiones selectivas antagónicas en el origen de los organismos sexuales.


La visión antropocéntrica de los naturalistas de finales del siglo XIX y primera mitad del XX fue un obstáculo para comprender la teoría de Darwin. Muchos naturalistas, entre los que se encontraban Alfred Rusell Wallace y Thomas Huxley, consideraban su teoría sobre la selección sexual como la elucubración de un aficionado. Las ideas de Darwin no fueron tomadas de nuevo en serio hasta las últimas décadas del siglo XX. En ese intervalo, la única contribución importante a la teoría de la selección sexual fue la del biólogo y matemático Ronald A. Fisher, que propuso que la elección femenina podía llevar a un proceso de retroalimentación positiva una vez iniciado.


La selección sexual sólo puede funcionar si los rasgos seleccionados y las preferencias por los mismos son heredables y se producen durante el desarrollo ontogenético. Los machos han evolucionado para indicar su calidad a las hembras y ser elegidos como progenitores de la siguiente generación. Para ello recurren a explosiones de color, sinfonías de sonidos, olores estimulantes o exhibiciones magistrales.


Gracias a las investigaciones más recientes en el campo de la biología del desarrollo o Evo-Devo podemos observar cómo los genes implicados en el desarrollo determinan los rasgos sexualmente seleccionados y cómo la variación genética que sustenta a estos rasgos da lugar a los fenotipos que observamos.


Por otra parte, la combinación de varios rasgos indicadores aumenta la fiabilidad de la información que se transmite. Un ejemplo de esta señalización múltiple lo ofrecen las golondrinas, en las que la longitud de las puntas de la cola y la tasa de cantos se refuerzan como indicadores de calidad de los machos. Sin embargo, la tasa de cantos sólo es relevante en machos de cola larga, lo que podría explicarse porque el canto, un rasgo comportamental más plástico, es devaluado respecto a la longitud de la cola, un carácter morfológico más estable. Cómo las hembras integran sensorial y neuronalmente la información proporcionada por las distintas señales es algo que aún no se conoce bien.


Darwin distinguió entre los caracteres sexuales primarios, que eran seleccionados por procesos de selección natural, y los secundarios, relacionados con la competencia intrasexual por la fertilización. La selección sexual permite un mayor grado de divergencia que otros procesos selectivos, de ahí la importancia del cortejo para separar linajes filogenéticos. De este modo, la divergencia de caracteres seleccionados "inútiles" en la lucha por la supervivencia podía explicar buena parte de la variación geográfica asociada con la formación de razas y el origen de las especies. Darwin señaló que los rasgos sexuales secundarios elaborados eran más frecuentes en grupos con una gran riqueza de especies. Estudios recientes avalan su propuesta y sugieren que la asociación directa de rasgos sexualmente seleccionados con el apareamiento puede implicar a éstos en el aislamiento reproductivo y, por tanto, en la especiación.


Pero la selección sexual no se circunscribe a los animales, ya que también ha determinado la evolución de muchos rasgos reproductivos en las angiospermas o plantas con flores. Estas plantas han exagerado las señales emitidas a sus polinizadores -en el número, tamaño, color, olor, de la producción de néctar o polen- de igual modo que los animales exageran los ornamentos exhibidos durante el cortejo. Es más, algunos autores apuntan que la selección sexual también puede ocurrir en microorganismos que compiten por los recursos necesarios para propagarse.


¿Y qué nos cuentan los fósiles sobre selección sexual? Investigaciones recientes muestran la sorprendente convergencia en ciertas estructuras presentes en los fósiles y en los organismos actuales. Así, los cuernos y cráneos de ciertos dinosaurios podrían servir para combates frontales entre machos, como los que se producen entre los rinocerontes y ungulados actuales. En cualquier caso, para confirmar este escenario evolutivo habría que identificar el sexo de los animales fosilizados.


En síntesis, la selección sexual es un producto más de la limitación de recursos en la naturaleza, de la necesidad de los organismos de reproducirse, y por tanto una forma más de la selección natural, proceso que Darwin definió como el motor de la evolución sobre el planeta.


Más allá de la evidente admiración del autor por la obra de Darwin, que tan bien conoce, coincidimos con él en cómo las ideas de Darwin sobre selección sexual han inspirado, y continúan haciéndolo, gran parte de la investigación en biología evolutiva.


Referencia bibliográfica:


Moreno, J. 2013. Evolución por selección sexual según Darwin. La vigencia de una idea. Ed. Síntesis, Madrid.

 

comentarios (1)

Hernan Dopazo (20-dic-2013 2:08:17 CET)

Hola Juan Felicidades por este libro que no he podido ver aun... pero que tiene una pinta bárbara. Te envio un saludo y felicitaciones por este fantástico logro. Abrazo. Hernan Dopazo

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