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Catalogar la biodiversidad sería un caos sin la Comisión Internacional de Nomenclatura Zoológica

24/01/2014

Nombrar especies puede parecer un hecho trivial pero la nomenclatura es muy importante ya que concentra el conocimiento adquirido a través de la taxonomía. Los nombres se organizan en un sistema jerárquico que representa el árbol genealógico de las especies, siendo la especie la categoría taxonómica inferior y dominio -antes reino- la superior. Los nombres no siempre indican seres con límites naturales bien definidos, sino que en ocasiones también señalan ideas sujetas a interpretaciones variadas.

 

Hasta el siglo XVIII, el estudio de las ciencias naturales carecía de un lenguaje unificador de criterios que permitiese estructurar las observaciones para generar conocimiento. Los biólogos se sentían como miembros de un club y podían comunicarse sin dificultad en latín, lo que hacía innecesaria la existencia de reglas de nomenclatura. Sin embargo, el aumento del número de biólogos y del material recogido tras las grandes expediciones a América, Asia y África, hizo necesario definir con claridad el modo en que se nombraban las especies de plantas y animales.


Fue el botánico sueco Carl Linneo quien formuló lo que hoy se conoce como "Sistema de Nomenclatura Binominal" que consiste en la asignación de un nombre científico compuesto de dos palabras (género y especie) a cada ser vivo del planeta. Han transcurrido más de 250 años desde la publicación de la décima edición del Systema Naturae (1758) que representa el punto de partida de la nomenclatura zoológica.


El nombre científico es como el documento de identidad de las especies, para el cual se sigue utilizando el latín. La ventaja del latín reside en que al ser una lengua muerta no va a cambiar, lo que permite agrupar todo el conocimiento de una especie bajo el mismo nombre, aunque la especie en cuestión reciba diferentes nombres en las distintas regiones donde habite.


Durante casi cien años, y conforme se iban descubriendo nuevas especies , aumentó extraordinariamente el número de nombres puestos en circulación, lo que generó una gran confusión en la comunidad científica. Muchos de los nombres que llegaron a utilizarse eran nombres desafortunados, cuando no ofensivos.


Ante el gran caos que se generó en la nomenclatura, en 1842 el paleontólogo inglés Hugh Strickland impulsó la creación de un comité de expertos -en el que figuraban científicos tan ilustres como Charles Darwin o Richard Owen- para establecer un código que regulase la nomenclatura zoológica. Este código, aparecido en 1843 y conocido como Código de Strickland, puede considerarse el primer germen del actual Código Internacional de Nomenclatura Zoológica.


En 1895 nace la Comisión Internacional de Nomenclatura Zoológica (conocida como ICZN por sus siglas en inglés) que crea un Código Internacional de Nomenclatura Zoológica que establece reglas para asignar nombres a las especies recién identificadas y resuelve disputas sobre nombres de animales tanto vivos como extintos. Su principal objetivo es impulsar la estabilidad y la universalidad de los nombres científicos de los animales para asegurarse de que el nombre de cada taxón es único y diferente.


En la actualidad la ICZN, que opera bajo un mandato de la Unión Internacional de Ciencias Biológicas, está compuesta por 26 biólogos pertenecientes a 19 países, y cuenta con oficinas en Europa y Asia. Con más de 17 millones de nombres creados desde 1758 y alrededor de 16.000 nuevas especies descritas cada año, la Comisión se enfrenta a desafíos sin precedentes.


Entre los muchos retos que tiene por delante hay que mencionar la depuración de las reglas y procedimientos para ayudar a los biólogos a catalogar y estudiar la inmensa biodiversidad del planeta; se estima que el 88% de los cerca de 8 millones de especies animales que viven en la Tierra permanecen en el anonimato.


Pero existen más desafíos técnicos relacionados con la gran cantidad de nuevas herramientas disponibles, el impacto de Internet, las nuevas tecnologías de información, etc. Por ejemplo, hasta hace poco todas las especies nuevas, así como los géneros y familias, tenían que ser descritas en publicaciones impresas en papel. Sin embargo, la ICZN aprobó recientemente una enmienda al Código que permite la publicación de nuevos nombres electrónicamente, reconociendo así las revistas que sólo publican en formato digital.


Otros problemas son de carácter económico, ya que La Fundación Internacional de Nomenclatura Zoológica, con sede en Reino Unido, y que hasta la fecha ha sido el brazo financiero de la ICZN ya no es funcional al haberse agotado sus recursos. Ante esta situación que ponía en riesgo la continuidad del trabajo de la Comisión, la Universidad Nacional de Singapur y el Museo de Historia Natural han acudido al rescate, con el compromiso de aportar 80.000 dólares americanos anuales durante 3 años.


La Universidad también financió la primera reunión de todos los miembros de la Comisión en esta nueva etapa, celebrada en Singapur del 17 al 20 noviembre de 2013. En dicha reunión se anunció que la Universidad Nacional de Singapur será sede de la secretaría interina de la ICZN y contará con una persona a tiempo completo para coordinar las actividades de la Comisión en todo el mundo. Los nuevos anfitriones muestran su entusiasmo por la creciente actividad taxonómica en Asia y, particularmente, por la mayor sensibilización en la población de Singapur respecto a la importancia de la biodiversidad y su conservación.


Los tres años con soporte económico de Singapur permitirán al ICZN evaluar su situación financiera y hacer frente a los retos científicos a los que se enfrenta de cara a la quinta edición del Código que se prevé entre en vigor en 2018. Asimismo, se discutirá la política de funcionamiento de "Zoobank", el registro oficial de nomenclatura zoológica puesto en marcha en 2006.


El miembro español de la Comisión Internacional de Nomenclatura Zoológica es el investigador del MNCN Miguel Ángel Alonso Zarazaga que comenta: "Es muy importante asegurar la continuidad de la ICZN. Su trabajo es más necesario que nunca si no queremos que la catalogación de la biodiversidad se convierta en un caos".

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