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Una lapa en peligro de extinción

25/01/2018

Es una de las especies más amenazadas del mar Mediterráneo y ha sido el primer invertebrado y la primera especie marina para la que se ha elaborado una estrategia nacional de conservación. Desde la antiguedad ha sido una presa apetecible para el hombre por su gran tamaño y su fácil captura. El Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) custodia valiosos ejemplares históricos de este emblemático molusco.

 

La lapa ferrugínea (Patella ferruginea) es un gasterópodo endémico del Mediterráneo occidental. Hasta finales del siglo XIX se extendía por gran parte de esta cuenca, pero a lo largo del siglo XX ha ido desapareciendo de la mayoría de las costas continentales europeas. Desde hace casi dos décadas P. ferruginea está incluida en el Catálogo Español de Especies Amenazadas con la categoría de en peligro de extinción, al igual que el lince ibérico o el águila imperial.


En la actualidad la población mundial de lapa ferrugínea se concentra en algunas áreas críticas del norte de África: islas Habibas (Argelia), islas Chafarinas, Melilla y Ceuta, aunque también existen poblaciones dispersas en puntos muy concretos de los litorales andaluz y norteafricano, así como en ciertos enclaves de Córcega y Cerdeña. Un equipo de investigadores del museo, en colaboración con otras instituciones, ha participado en el Proyecto Cero Patella ferruginea para estudiar en profundidad su biología reproductora, tanto en la naturaleza como en cautividad. Su objetivo principal era conseguir individuos juveniles mediante técnicas de acuicultura para poder restaurar poblaciones que pudieran verse afectadas por impactos naturales o humanos y sentar las bases para la recuperación de la especie.


Esta lapa vive en el piso mediolitoral, que es la zona del fondo marino afectada por el barrido de las olas y las mareas, por lo que puede estar sometida a inmersiones y emersiones periódicas. Necesita superficies rocosas estables, ya sean naturales o artificiales, como escolleras, espigones, etc. Las principales poblaciones ubicadas en sustratos artificiales se encuentran en los entornos portuarios de Ceuta y Melilla, ya que su litoral rocoso natural está muy alterado. Prefieren zonas con una cierta inclinación y expuestas al oleaje, pero evitan aquellas donde la exposición sea extrema.


Se distingue muy bien de las otras lapas mediterráneas por el gran tamaño de la concha, que puede llegar a superar 10 cm de longitud, y por las gruesas costillas radiales que presenta, que hacen que el borde sea muy sinuoso. El color de la concha es pardo herrumbroso en su cara externa y blanco en el interior y suele estar erosionada y colonizada por pequeños organismos epibiontes como balanos o algas.


Esta lapa es hermafrodita y muestra alternancia de sexos: primero madura como macho, pasando después a ser hembra. Estudios recientes muestran que a lo largo de su vida también puede cambiar de sexo en sentido inverso, pasando de hembra a macho. Se reproduce una sola vez al año y la freza se concentra en unos pocos días, coincidiendo con los primeros temporales de noviembre. Su fase larvaria planctónica es corta, dura sólo unos pocos días, lo que dificulta su capacidad de dispersión y la colonización de nuevas áreas geográficas.


Las lapas adultas son sedentarias y sólo se desplazan para alimentarse, generalmente por la noche y con marea alta, ya que han de hacerlo cuando están bañadas por las olas. Después vuelven al mismo lugar de reposo, lo que hace que cada lapa deje una huella en la roca, por las algas calcáreas incrustantes que crecen en el espacio situado entre el borde del pie y el margen de la concha. Este patrón de comportamiento, que se conoce como "fidelidad a la huella", consiste en que los individuos eligen un lugar concreto del sustrato al que adaptan el contorno de su concha y sólo lo abandonan ocasionalmente.


Esta especie se conoce en el registro fósil desde el comienzo del Pleistoceno, hace unos dos millones de años. Ha aparecido en yacimientos neolíticos en Francia y también se han hallado restos en yacimientos arqueológicos de la época fenicia, griega y romana, lo que sugiere que era utilizada como alimento y objeto de adorno. En la regresión actual de la lapa ferrugínea no cabe duda del impacto negativo que ha tenido su recolección por el hombre. Esta práctica ha afectado a la especie de diferente modo; por una parte ha provocado la disminución de su densidad y abundancia, llegando a desaparecer en muchas zonas; y por otra ha favorecido la reducción de la talla de los ejemplares adultos con la desaparición de los individuos más grandes, mayoritariamente hembras.


Otros factores que inciden muy negativamente en su conservación son la fragmentación y deterioro de su hábitat natural, debido a la destrucción y alteración de los roquedos litorales. Además, las infraestructuras artificiales alteran sensiblemente la dinámica costera y pueden afectar a los patrones de dispersión de las larvas y su reclutamiento. Algunos autores han señalado también el impacto de la contaminación marina, aunque es un aspecto por ahora poco estudiado.


La colección de Malacología del MNCN custodia 41 lotes de P. ferruginea: 37 en seco y 4 en etanol. Los ejemplares más antiguos proceden de Melilla y pertenecen a la colección de Patricio María Paz y Membiela (1873), jefe de la Comisión Científica del Pacífico (1862-1866). También se conservan especímenes de Joaquín González Hidalgo (1911), que sentó las bases de la malacología en España, y de su discípulo Florentino Azpeitia Moros (1934). Llaman la atención algunos de los ejemplares más antiguos que destacan por su gran tamaño, que hoy en día es bastante inusual.


La Sociedad Española de Malacología (SEM) ha nombrado a la lapa ferruginea "Molusco del Año 2018". Desde el MNCN queremos colaborar con esta iniciativa para dar a conocer la especie y contribuir así a sensibilizar a la sociedad de las amenazas que afectan a su supervivencia.


Referencias bibliográficas:


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