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Los caracoles más bellos del mundo

27/02/2017

Los polimitas son unos moluscos terrestres endémicos de Cuba, con una paleta de colores que les ha convertido en objeto de deseo de coleccionistas de todo el mundo. La colección de polimitas del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) aúna belleza e historia, ya que la gran mayoría de los especímenes fueron colectados en el siglo XIX.

 

Su belleza no sólo ha llamado la atención de los naturalistas, sino que también ha cautivado a pintores y a poetas. En los inicios del siglo XVII, los pintores holandeses Johannes Bosschaert y Balthasar van der Ast eligieron estos hermosos caracoles para que formaran parte de sus bodegones. También el poeta chileno Pablo Neruda, gran aficionado a la malacología, los cita en el tercer poema de La lámpara en la tierra de su Canto General: "Anduvo el hombre de las islas tejiendo ramos y guirnaldas de polymitas azufradas, y soplando el tritón marino en la orilla de las espumas".


Cuba es uno los puntos calientes de la biodiversidad mundial. Su historia geomorfológica, su elevada humedad relativa, una temperatura media de 25°C y el hecho de que prácticamente toda la isla esté constituida por caliza, la convierten en el paraíso de los caracoles terrestres. Por eso llamó la atención de muchos naturalistas europeos y cubanos del siglo XIX, a los que se sumarían los malacólogos norteamericanos en el siglo XX.


De las 1.400 especies de moluscos terrestres que viven en el archipiélago cubano más del 95% son endémicas. Entre los moluscos más apreciados por su belleza destacan sin duda alguna los caracoles del género Polymita, cuyo nombre es de origen griego y significa "muchas rayas". Sólo es posible encontrarlos en la región oriental de la isla, desde Camagüey hasta Guantánamo. Hasta la fecha, se han descrito seis especies (P. picta, P muscarum, P. venusta, P. sulphurosa, P. brocheri y P. versicolor) y 12 subespecies.


Uno de los aspectos que más llama la atención de los científicos es su polimorfismo cromático, uno de los más extraordinarios del reino animal. Lo más curioso es que las diferencias en la coloración no sólo se dan entre especies y poblaciones, sino también entre individuos de una misma especie. Se ha sugerido que su función sería pasar desapercibidos a los predadores, confundidos con el medio que les rodea.


Están adaptados a vivir sobre una gran variedad de plantas, no menos de 200 especies, incluyendo la vegetación introducida como el café. Se alimentan de líquenes, hongos y musgos que crecen sobre los troncos, ramas y hojas de las plantas que ocupan. Incluso podrían considerarse unos herbicidas naturales, ya que ayudan a combatir los hongos que crecen en los cultivos de café y guayaba; bastan cuatro polimitas para mantener libres de hongos una planta de café, y seis u ocho para un árbol de guayaba.

 


El polimita más popular, que ha sido proclamado Caracol Nacional de Cuba, es la especie Polymita picta. También se le conoce como "caracol pintado" porque exhibe una gama de tonalidades asombrosa; se han llegado a estimar más de mil combinaciones cromáticas. Curiosamente, quien describió la especie no fue un malacólogo sino un mineralogista austriaco, el barón Ignaz von Born (1742-1791). Pero conozcamos algunos detalles de la historia de esta especie...


En el siglo XVIII era común entre la nobleza y la gente adinerada reunir colecciones con especímenes y piezas de historia natural raras o extraordinarias en los que se conocía como cámaras o gabinetes de curiosidades. El emperador Francisco I (1708-1765) fue el primero en crear una colección de historia natural privada en Austria, que contenía minerales y fósiles, así como conchas de caracoles, mejillones y corales. Tras su muerte la colección pasó al estado y en 1776 su esposa, María Teresa I de Austria, confió al barón austriaco la tarea de desarrollar y ampliar la colección.


Y así fue cómo von Born describió el primer polimita en 1778. Este detalle indica lo importante que era ya el comercio de caracoles para proveer de especímenes a las colecciones de historia natural. Resulta llamativo que atribuyera a la especie procedencia italiana y no cubana. Esto se explica porque en aquel tiempo, con el fin de defender la exclusividad de sus colecciones, los nobles no dudaban en mentir sobre el origen de las piezas.


Entre las colecciones históricas del MNCN destaca la fabulosa colección malacológica que reunió el marino y naturalista gallego Patricio María Paz y Membiela (1808-1874) a lo largo de 35 años. Se compone de 40.000 ejemplares, de unas 12.000 especies o variedades, que el Museo adquirió en 1873 por 30.000 pesetas. Especialmente valiosa es la colección de moluscos terrestres y fluviales de Cuba, tal vez la más completa del mundo, que Paz y Membiela había adquirido al gran ictiólogo cubano Felipe Poey y Aloy (1799-1891), conocido también como "padre de los naturalistas cubanos".


Hoy en día, sería muy difícil reunir una colección de polimitas como la que creó Poey, ya que el comercio internacional ha diezmado sus poblaciones y reducido drásticamente su área de distribución. Sirva de ejemplo la carta que en 1942 el Dr. Juan Cros envió a la Sociedad Malacológica de Cuba denunciando que más de medio millón de polimitas al año salían del país para hacer collares. A ello habría que sumar la destrucción y fragmentación de sus hábitats; ya en 1959 se estimaba que sólo el 14% de Cuba mantenía su cobertura boscosa natural.


En el Libro Rojo de Invertebrados cubanos (en fase de edición) catalogan a las seis especies del género Polymita en Peligro Crítico (CR), según criterios de la UICN. En diciembre de 2016, la Convención Sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de la Fauna y Flora Silvestre (CITES) acordó incluir en su Apéndice I el género Polymita, lo que implica que el comercio de las especies capturadas o recolectadas en sus hábitats naturales está prohibido y sólo se permite bajo circunstancias excepcionales, por ejemplo, para la investigación científica. Mientras tanto, el interés que despierta la conservación de los polimitas se aprecia en este simpático vídeo rodado durante el Festival Madre Tierra Baracoa en 2014.


Referencias bibliográficas:


Fernández Milera, J. M. 1987. Polymita. Forma y color integrados a la naturaleza. Ed. Científico-Técnica, La Habana.


González Guillén, A. 2008. Cuba. El paraíso de los moluscos terrestres. Greta Editores, Lleida.


Espinosa, J., Ortea, J. 2009. Moluscos terrestres de Cuba. Ed. Spartacus-Säätiö - Spartacus Foundation y Sociedad Cubana de Zoología, Vasa, Finlandia.

 

 

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