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Árboles singulares

Árboles singulares

Desde el 3 de junio hasta el 29 de agosto de 2005.


El Museo Nacional de Ciencias Naturales recogió los frutos de un proyecto financiado por la asociación Bosques sin Fronteras, con el apoyo de la Fundación Biodiversidad, Obra Social Caja Madrid y Repsol YPF.

Tejos milenarios venerados por los celtas, castaños de más de 12 metros de perímetro, el alcornoque que servía de refugio al bandolero de La Pedriza, pinos de más de 50 metros de altura... Todos ellos son árboles que desde hace siglos han formado parte de la vida de muchas personas.


"Durante siglos nos han dado cobijo, protección, medicamentos, madera, teas, resinas, corteza y alimentación para el ganado. Han compartido eventos históricos con los hombres y muchos pactos, juramentos y fiestas se han celebrado a su sombra", dijo la directora de la Fundación Biodiversidad, María Artola.


El proyecto


El principal objetivo del proyecto era proteger y dar a conocer a los árboles más singulares de España, que destaquen por alguna característica especial, por su tamaño, perímetro, rareza, forma poco habitual, su historia o su leyenda.


En primer lugar se realizó la catalogación, que permitió constatar la pérdida de algunas especies y recopilar datos sobre la situación de otros árboles amenazados.


Posteriormente se llevó a cabo un inventario de las dimensiones y condiciones en que se encontraban los árboles, se creó un banco de germoplasma y se puso en marcha un vivero educativo.


Susana Domínguez-Lerena y Ezequiel Martínez los han visitado todos para encontrar los 100 'viejos verdes' más singulares de España, que ahora aparecen retratados en un libro. Para que su trabajo no quede sólo en las páginas de un libro, desde el pasado día 3 de junio se pudo visitar en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid la exposición "Árboles, leyendas vivas", que presenta una muestra de los árboles catalogados.


En la exposición, los visitantes pudieron aprender a cuidar a estos viejos -los hay de más de 1.500 años de antigüedad- que viven en España, porque sólo una pequeña proporción de ellos está actualmente protegido. "Y porque algunos de los que encontramos en las bases de datos están ya seriamente dañados, o se han muerto", recuerda Ezequiel.


Trabajo de todos será que su catálogo sirva de referencia para generaciones futuras.

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