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2011

03.06.2011

Los dientes de los rumiantes nos indican cómo era el clima y la vegetación en el Mioceno

Dentición del antílope Tethytragus langai

El estudio se acaba de publicar en Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology.

 

Una investigación liderada por el paleobiólogo Jorge Morales del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) aborda la reconstrucción ambiental y climática del Mioceno medio en el centro de España a partir del desgaste dental en rumiantes.



Hace entre 11 y 15 millones de años, en el Mioceno medio, los primates experimentaron una importante radiación evolutiva que les permitió extenderse por el continente euroasiático. No obstante, no hay registro fósil de primates en las cuencas centrales españolas, por lo que el objetivo de esta investigación ha sido conocer de manera más detallada el contexto medioambiental y climático de esta zona durante la época de dispersión de los primates. Para ello, la reconstrucción paleoambiental de ese período se ha abordado a partir del estudio de los hábitos alimentarios de los rumiantes, uno de los grupos de mamíferos más exitosos y con una extraordinaria diversidad tanto geográfica como taxonómica. Su dieta, estrictamente herbívora, los convierte en excelentes indicadores del ambiente en el que vivieron.



A menudo se suele decir que somos lo que comemos, y sin duda, los alimentos dejan una huella inconfundible en los dientes que los paleontólogos pueden identificar. En el caso de los ungulados, el agente de desgaste más importante son unas partículas microscópicas de sílice producidas por las plantas llamadas fitolitos. En función del tipo de vegetal que se consuma (hierba, frutos, hojas de árbol, etc.) y del tipo de animal en base a la dieta (pacedor, ramoneador o mixto) las marcas que aparecen son diferentes. Los pacedores, o comedores de pasto o hierba, tienen una dieta más abrasiva que se traduce en una mayor cantidad de microestrías y en cúspides dentales más redondeadas que aquellas de los ramoneadores, que comen hojas, brotes o frutos de árboles o arbustos.



El equipo investigador, integrado por científicos del Institut Catalá de Paleontología (ICP), de la Universidad de Zaragoza y del Museo Nacional de Ciencias Naturales, CSIC, ha combinado dos métodos para analizar el desgaste dentario; Daniel DeMiguel que realizó su Tesis doctoral en el Museo Nacional de Ciencias Naturales del CSIC nos lo explica: “Hemos utilizado una metodología de investigación poco común, pero muy potente. Con la técnica del microdesgaste hemos analizado las marcas microscópicas registradas en el esmalte dental. A través de las fotografías tomadas con un microscopio electrónico, que nos permiten ampliar 500 veces la muestra, hemos inferido lo que el animal comió en los últimos instantes (días y horas) previos a su muerte; esto es así porque las marcas que aparecen cuando el animal se alimenta borran de algún modo aquellas de días anteriores. La otra técnica que hemos utilizado, el mesodesgaste, estudia el relieve oclusal y el contorno de las cúspides de los dientes para averiguar los alimentos ingeridos durante un periodo de tiempo más prolongado (semanas y meses).  Ambas técnicas son complementarias y los datos obtenidos de la muestra fósil se comparan después con bases de datos de ungulados actuales con dietas conocidas. Con esta metodología podemos por ejemplo estudiar los cambios climáticos del pasado, para así tratar de comprender lo que está ocurriendo en la actualidad”.



El estudio del desgaste de los dientes sugiere que los cérvidos y bóvidos encontrados en las comunidades fósiles vivían mayoritariamente en ambientes áridos y estacionales. Sin embargo, algunas zonas parecen haber sido más húmedas y arbóreas, mostrando una mayor similitud con áreas en donde sí había primates. Los datos parecen indicar la existencia de un cambio climático, con el consecuente cambio en la vegetación, hace unos 12,6 millones de años, y la transición de un clima seco y con estaciones muy marcadas, a un clima más húmedo y con estaciones más atenuadas.



El análisis del desgaste dentario aún permite ir más allá, ya que los resultados indican que especies similares desde el punto de vista ecológico podían vivir juntas (en simpatría) manteniendo un comportamiento alimenticio mixto. A su vez, junto con este oportunismo en la dieta que les permitía comer una amplia variedad de vegetales, la especialización de algunas especies en frutos y semillas, en vez de hojas, también evitaba la competencia por los recursos.

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Referencia bibliográfica:

DeMiguel, D., Azanza, B., Morales, J. 2011. Paleoenvironments and paleoclimate of the Middle Miocene of central Spain: A reconstruction from dental wear of ruminants. Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology, 302: 452-463.

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