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Un piojo que podría extinguirse con el lince ibérico

12/04/2019

En la colección de Entomología del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) se conservan los especímenes que han servido para describir seis especies de unos ectoparásitos de aves y mamíferos conocidos como malófagos. Entre ellas merecen destacarse dos que parasitan a especies emblemáticas de nuestra fauna, como es el lince ibérico (Lynx pardinus) o el águila imperial ibérica (Aquila adalberti).

 

Una parte muy importante de la biodiversidad está constituida por parásitos. Se estima que la mitad de todas las plantas y animales conocidos lo son, al menos en algún momento de su ciclo vital; ninguna especie está libre de la infección por parásitos. Entre los más conocidos, aunque no gocen precisamente de buena fama, se encuentran los piojos, que son unos insectos pertenecientes al orden Phthiraptera. Son animales minúsculos, apenas miden 2-3 mm cuando son adultos, carecen de alas y su cuerpo está aplanado dorso-ventralmente.


Los malófagos o piojos masticadores son ectoparásitos obligados de aves y mamíferos que desarrollan todo su ciclo biológico sobre el cuerpo del hospedador, alimentándose de plumas, pelos y descamaciones dérmicas. Su vida transcurre a una temperatura constante, unos 35º en los mamíferos y algo más en las aves, desplazándose ágilmente entre las plumas, o el pelo, desde las zonas más profundas a la parte externa del animal a fin de asegurarse la temperatura óptima. En cuanto a la humedad, la más adecuada para ellos se sitúa en torno al 70-80%, aunque son capaces de tolerar una humedad relativa muy baja, lo que les ha permitido colonizar ambientes extremos.


Aunque los filósofos griegos ya mencionaban a estos peculiares insectos, el primer autor que escribió sobre ellos fue el naturalista toscano Francesco Redi en 1668. Después del italiano, muchos zoólogos incluyen descripciones de malófagos en sus obras, si bien habrá que esperar al siglo XIX para que aparezcan estudios específicos sobre ellos. En nuestro país los primeros trabajos sobre este grupo los publicó el entomólogo vasco Antonio García Fresca en los años 20 del siglo pasado; eran trabajos taxonómicos realizados con las colecciones del MNCN. En 1960 el entomólogo Juan Gil Collado, que trabajó e hizo su tesis doctoral en el MNCN, publicó "Insectos y ácaros de los animales domésticos". Cabe comentar que, durante la dictadura de Franco, ambos entomólogos serían condenados por el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y Comunismo a la sanción de inhabilitación perpetua.


Se conocen alrededor de 4.500 especies de malófagos en el mundo, de los cuales 3.900 son parásitos de aves y 600 de mamíferos; en la península ibérica se estima que existen unas 250 especies que parasitan a aves y 16 a mamíferos. Casi todos los piojos son específicos del huésped, por lo que su distribución geográfica está supeditada a la de las aves y mamíferos en los que se hospedan. El paso de un hospedador a otro se produce a través del contacto corporal, bien en los grupos sociales, durante la cópula o en el cuidado de las crías.


Este grupo de ectoparásitos son relevantes desde un punto de vista económico, ya que pueden afectar al vigor y productividad de sus hospedadores, entre los que se encuentran los animales domésticos, sin olvidar su papel como reservorios y transmisores de enfermedades infecciosas. No obstante, hay que señalar que no son susceptibles de infestar al hombre.


Desde una perspectiva conservacionista, conviene no olvidar que los parásitos son elementos esenciales en los ecosistemas naturales saludables, por lo que merecen ser conservados junto con sus anfitriones; además, su especificidad les convierte en referentes para estudios de biodiversidad. Los malófagos son un modelo interesante en estudios de coespeciación, que es el proceso por el que dos especies con una relación muy próxima, como la que existe entre parásitos y sus hospedadores, experimentan especiación en paralelo. Del mismo modo, es probable que la extinción de cualquier especie hospedadora pueda dar lugar a la pérdida de sus parásitos específicos; en este caso se trataría de una coextinción.


Los piojos han ayudado a determinar las relaciones filogenéticas que existen entre distintos grupos de aves. Es el caso de los flamencos, que por su morfología parecen más próximos a las cigüeñas que a los patos. Sin embargo, un estudio reciente ha encontrado nuevas evidencias sobre la estrecha relación existente entre los piojos de los flamencos y los de las anátidas, lo que sugiere que sus huéspedes comparten un ancestro común y ha habido coespeciación.


La colección de malófagos del MNCN ha sido organizada y estudiada por María Paz Martín Mateo, antigua investigadora del Museo. Contiene 2.940 preparaciones microscópicas con unos 5.000 ejemplares. En las 2.378 preparaciones estudiadas se han determinado 259 taxones pertenecientes a 21 familias y su procedencia geográfica es mayoritariamente española. Todo el material corresponde al siglo XX y los especímenes más antiguos fueron colectados en 1904 por el entomólogo Manuel Martínez de la Escalera.


Uno de los aspectos más reseñables de esta colección es el material tipo, es decir, los especímenes que han servido para describir seis especies de malófagos, entre las que se encuentran dos que parasitan a especies tan representativas de nuestra fauna, como es el águila imperial ibérica, Colpocephalum imperialis, Martin Mateo, 1981; o el lince ibérico, Felicola (Lorisicola) isidoroi, Pérez & Palma, 2001. El parásito del lince, es especialmente valioso, ya que se trata del único parásito estrictamente específico del lince ibérico y del que se conserva un único ejemplar, un macho encontrado en un lince atropellado en la sierra de Andújar en 1997, que ha servido para nombrar a la especie. Aunque se ha buscado en otros linces, hasta la fecha no se ha encontrado ningún otro espécimen de esta especie de parásito. Su rareza refleja bien la situación tan crítica que atraviesa el lince ibérico, el felino más amenazado del mundo.


Referencias bibliográficas:


Gil Collado, J. 1960. Parásitos externos de las gallinas. Hojas Divulgadoras. Madrid, Ministerio de Agricultura. Dirección General de Coordinación, Crédito y Capacitación. Sección de Capacitación. Número 14-60 H, 24 págs.


Johnson, K. P, Kennedy, M., McCracken, K. G. 2006. Reinterpreting the origins of flamingo lice: cospeciation or host-switching? Biology Letters, 2006 Jun 22; 2(2): 275-278. doi:10.1098/rsbl.2005.0427


Martín Mateo, M. P. 1989. Estado actual del conocimiento sobre los malófagos (Insecta) parásitos de aves y mamíferos en España. Revista Ibérica de Parasitología, 49(4): 387-405.


Martín Mateo, M. P. 2002. Fauna Ibérica. Vol. 20. Mallophaga, Amblycera. Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC), Madrid, 187 pp.


Martín Mateo, M. P. 2006. Diversidad y distribución de las especies de Mallophaga (Insecta) en aves y mamíferos de la Comunidad de Madrid. Graellsia, 62: 21-32.


Martín Mateo, M. P. 2009. Fauna Ibérica. Vol. 32. Phthiraptera, Ischnocera. Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC), Madrid, 363 pp.


Pérez, J. M., Palma, R. L. 2001. A new species of Felicola (Phthiraptera: Trichodectidae) from the endangered Iberian lynx: another reason to ensure its survival. Biodiversity and Conservation, 10 (6): 929-937.


Pérez, J. M., Sánchez, I., Palma, R. L. 2013. The dilemma of conserving parasites: the case of Felicola (Lorisicola) isidoroi (Phthiraptera: Trichodectidae) and its host, the endangered Iberian lynx (Lynx pardinus). Insect Conservation and Diversity, 6 (6): 680-686. https://doi.org/10.1111/icad.12021


Pérez, J. M. 2015. Orden Phthiraptera. Revista IDE@ - SEA, 51: 1-11


Price, R. D., Hellenthal, R. A., Palma, R. L., Johnson, K. P., Clayton, D. H. 2003. The chewing lice: world check list and biological overview. Illinois Natural History Survey, Special Publication 24. Illinois. x + 501 pp.

 

Un lagarto de Persia con historia

27/03/2019

El lagarto iraquí de cola espinosa (Saara loricata) es un bello reptil de tamaño mediano, típico de las áreas semidesérticas de Oriente Próximo. El Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) exhibe un ejemplar colectado en Irán en 1899 por el naturalista Manuel Martínez de la Escalera.

 

A finales del siglo XIX, el explorador y científico Manuel Martínez de la Escalera (1867-1949) emprendió dos viajes a Oriente Próximo, el primero a Anatolia y Siria en 1898, y el segundo a Persia en 1899. Martínez de la Escalera, que fue uno de los grandes entomólogos españoles de la época, estuvo estrechamente vinculado al MNCN durante más de 50 años. Además de sus múltiples publicaciones científicas, hay que destacar su labor como recolector que le permitió reunir colecciones muy valiosas que se encuentran en importantes museos de ciencias naturales, entre ellos el MNCN.


En la expedición a Irán, financiada por el entomólogo francés René Oberthür, estuvo acompañado por su hermano Fernando. Salieron en enero de 1899 y a lo largo de cinco meses recorrerían las provincias sudoccidentales de lo que entonces se conocía como Persia. Él se encargaba de colectar insectos y crustáceos, y su hermano recogía plantas. Todo ello sin dejar de anotar diariamente las observaciones barométricas y termométricas. Finalmente recolectaron en torno a 3.000 especies, considerando animales y plantas, lo que no es desdeñable dada la escasa biodiversidad de la región, que según Escalera sólo era rica en ortópteros, de los que trajeron unas 150 especies. Hay que mencionar también que fue la primera expedición botánica a Persia realizada por españoles.


En las conclusiones del viaje que Manuel M. de la Escalera presentó en la Sociedad Española de Historia Natural señalaba que no habían podido reunir mamíferos o reptiles que sobrepasasen cierto tamaño debido a la falta de recursos y personal de apoyo para llevarlos consigo; respecto a los reptiles comentó que sólo habían conservado pequeños lacértidos. Hay que tener en cuenta que en las montañas se vieron obligados a cargar las colecciones, las tiendas de campaña y las provisiones sobre asnos y vacas, como hacían los naturales en sus continuas mudanzas, ya que los caballos y mulas no resistían las penalidades del viaje y la mala alimentación que se les daba en una zona tan mísera.


Uno de los reptiles que capturaron es el lagarto iraquí de cola espinosa, que antes se incluía en el género Uromastyx. La subfamilia Uromastycinae pertenece a la familia Agamidae y está compuesta por 18 especies: tres dentro del género Saara y quince en Uromastyx. Los lagartos de esta subfamilia tienen la cola cubierta por escamas espinosas dispuestas en espirales, de ahí su nombre. El principal problema taxonómico dentro del género Uromastyx fue delimitar correctamente los taxones a nivel de especie y subespecie, ya que había una gran confusión sobre la identidad de las diferentes especies. Actualmente, atendiendo a la morfología externa y a las distancias inmunológicas entre taxones, se ha conseguido establecer varios grupos de especies dentro de Uromastyx que son reconocibles.


Saara loricata se distribuye por Iraq y suroeste de Irán, en zonas que se caracterizan por temperaturas elevadas y escasa precipitación. Se localiza en llanuras y valles con escasa vegetación, evitando las zonas con dunas de arena, ya que viven en madrigueras y necesitan suelos compactos para poder excavar. Un estudio sobre el papel que juega la riqueza, diversidad y cobertura de la vegetación en la selección del lugar donde ubicar la madriguera, mostró diferencias evidentes entre las parcelas con madrigueras y las que no tenían. La vegetación alrededor de la madriguera parece desempeñar un papel importante en la provisión de alimento y como refugio, lo que afecta positivamente su tasa de supervivencia.


El lagarto iraquí de cola espinosa que se exhibe en la sala de Biodiversidad es el único reptil colectado por los hermanos Martínez de la Escalera que se conserva naturalizado: su taxidermia data de principios del siglo XX. Este espécimen aparece en el Catálogo de las colecciones zoológicas de Asia del MNCN con la etiqueta MNCN 40492, y es uno de los ejemplares históricos de la colección de Herpetología.


Referencias bibliográficas:


Casado, S. 2005. Manuel Martínez de la Escalera, ciencia y aventura en Oriente. Arbor, 180 (711/712): 843-858. https://doi.org/10.3989/arbor.2005.i711/712.475


Martín Albaladejo, C., Izquierdo Moya, I. (eds.). 2011. Al encuentro del naturalista Manuel Martínez de la Escalera (1867-1949). Monografía del Museo Nacional de Ciencias Naturales. CSIC, Madrid.


Martínez de la Escalera, M. 1900. Nota sobre viaje a las provincias Sudoccidentales de la Persia. Anales de la Sociedad Española de Historia Natural, 29 (Actas): 72-75.


Nazari-Serenjeh, F., Torki, F. 2017. Geographical distribution and conservation biology of the Mesopotamian spiny-tailed lizard Saara loricata in Bushehr Province, southern Iran. Iran Herpetological Bulletin, 139: 23-80.


Tamar, K., Metallinou, M., Wilms, T, Schmitz, A., Crochet, P. A., Geniez, Ph., Carranza, S. 2018. Evolutionary history of spiny-tailed lizards (Agamidae: Uromastyx) from the Saharo-Arabian región. Zoologica scripta, 47(2): 159-173. https://doi.org/10.1111/zsc.12266


Wilms, T. M., Böhme, W., Wagner, Ph., Lutzmann, N., Schmitz, A. 2009. On the Phylogeny and Taxonomy of the Genus Uromastyx Merrem, 1820 (Reptilia: Squamata: Agamidae: Uromastycinae) - Resurrection of the Genus Saara Gray, 1845. Bonner zoologische Beiträge, 56 (1/2): 55-99.

 

El plomo pardo de Zimapán

15/03/2019

La vanadinita es un mineral bastante raro que debe su nombre a su alto contenido en vanadio. Fue descubierta por el español Andrés del Río en un yacimiento de plomo en México y fue Humboldt el que trajo las primeras muestras del mineral a Europa, para repetir los análisis que del Río había realizado en aquel país. Los ejemplares de Santa Marta (Badajoz) eran muy reputados, ya que en este yacimiento se encontraban las mejores cristalizaciones de vanadinita de Europa. El Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) exhibe un bello ejemplar procedente de Djebel (Marruecos).

 

A finales del siglo XVIII la minería de la plata en el Nuevo Mundo sufría el ocaso como consecuencia del agotamiento de los filones argentíferos. Para remediarlo, el rey Carlos III trazó un ambicioso plan para llevar técnicos y expertos a Nueva España que promoviesen la minería. En ese marco hay que encuadrar la creación en 1792 del Real Seminario de Minería en Ciudad de México. El geólogo Andrés Manuel del Río Fernández, que había nacido en Madrid en 1764 y fallecería en Ciudad de México en 1849, fue contratado para que se hiciese cargo de la cátedra de Mineralogía. Su obra "Elementos de Orictognosia o del conocimiento de los fósiles, dispuestos según los principios de A.G. Werner, para el uso del Real Seminario de Minería de México", publicada en 1795, fue el primer libro de mineralogía escrito en América.


En 1801, del Río se hallaba estudiando unas muestras de plomo pardo de la mina Purísima del Cardonal, Zimapán, en el actual estado de Hidalgo, cuando descubrió un nuevo elemento químico: el vanadio. El geólogo observó que las sales condensadas del mineral, al que más tarde se llamó vanadinita, exhibían una amplia variedad de colores, por lo que lo nombró pancromo, que en griego significa todos los colores. Al repetir el experimento vio que cuando exponía las sales al calor del soplete prevalecía el color rojo, y lo renombró como eritronio, que en griego significa rojo.


Del Río se percató enseguida de la importancia de su descubrimiento, pero también sabía que para que fuese reconocido internacionalmente necesitaba la aprobación de los medios científicos europeos. Aunque había publicado los resultados en medios americanos, lamentablemente estos no tenían prestigio en Europa. Aprovechando su amistad con el alemán Alexander von Humboldt, al que había conocido en la Escuela de Minas de Freiberg (Alemania), y que en aquel momento se encontraba en México, le entregó una caja con muestras del mineral para repetir los análisis en Europa. Como Humboldt desconocía el procedimiento le pasó las muestras al químico francés Hippolyte Victor Collet-Descotils para que repitiese el proceso llevado a cabo por su colega.


Sorprendentemente, el galo dijo que el nuevo elemento descubierto no era tal ya que, según él, se trataba de un mineral ya conocido formado por cromo y no por vanadio. Humboldt optó por creer al colega francés en vez de a del Río, que lógicamente se sintió traicionado. Pero finalmente el tiempo se encargó de poner todo en su sitio. Treinta años después, en 1831, el químico sueco Nils Gabriel Sefström "redescubrió" el mismo elemento y lo hizo público en un artículo. Pero el químico alemán Friedrich Wöhler afirmó que el elemento eritronio, descubierto por Andrés Manuel del Río en México en 1801, y el vanadio, descubierto por Nils Gabriel Sefström en Suecia 30 años después, eran el mismo. Aun así, fue Sefström quién renombró al eritronio, eligiendo un nombre que comenzaba con V, ya que esta letra aún no había sido asignada a ningún otro elemento. Lo llamó vanadio en honor a la diosa escandinava Vanadis.


En 1846 el representante español en Washington se había ofrecido a remitir al museo minerales y libros que no existiesen aquí. Desde el museo se le contestó con una nota en la que se pedían, entre otros, vanadinita de Zimapán y el libro "Elementos de Orictognosia" de Andrés del Río, publicado en Filadelfia en 1832, que se conserva en la Biblioteca del MNCN. Precisamente en aquel año del Río escribiría: "llamé eritronio a mi nuevo metal (...) pero el uso, que es tirano de todas las lenguas, ha querido que se llame vanadio, por no sé qué divinidad escandinava; más derecho tenía seguramente otra mexicana, que en sus tierras se halló treinta años antes".


Lo que nadie le ha negado a Andrés del Río es el descubrimiento de la vanadinita, lo que él conocía como plomo pardo, un clorovanadato de plomo que aparece en la zona de oxidación de los yacimientos de plomo. Es un mineral muy pesado y frágil, cuyo color varía del rojo rubí al pardo, y que suele cristalizar en prismas hexagonales con caras lisas y bordes afilados.


Los únicos representantes bien caracterizados y abundantes de vanadinita hallados en la península ibérica se obtuvieron en el criadero de plomo de la mina Clemente en Santa Marta de los Barros (Badajoz). Las minas de Santa Marta llegaron a ser a finales del XIX y principios del siglo XX la mayor explotación de vanadio en el mundo, hasta que se abandonó la extracción de este metal hacia 1912. La mena de vanadio se explotó en los 20 o 25 primeros metros, sacando 181 toneladas en 1903. Según el ingeniero de Minas Alfonso de Alvarado (1924) los ejemplares de Santa Marta eran muy reconocidos a nivel europeo, ya que en este yacimiento se encontraban las mejores cristalizaciones de vanadinita de Europa. El Museo poseía ejemplares con buenos cristales, muy brillantes, que analizó Julio Garrido. Actualmente, el museo conserva ejemplares de Santa Marta (Badajoz), Linares (Jaén), Arizona (EE.UU.), México, Marruecos y Túnez.


Y como la ciencia y el arte se dan la mano, una recomendación literaria: El crimen de Santa Marta de Alonso Carretero. Es un libro de intriga basado en un hecho real, el crimen ocurrido en 1898 en Santa Marta de los Barros, un pueblo que por aquel entonces gozaba de una economía floreciente por sus minas de vanadio y por la transformación de las dehesas improductivas en terrenos de vides y cereal.


Referencias bibliográficas:

 

Calderón, S. 1910. Los Minerales de España. Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas. Madrid.


Garrido, J. 1929. Notas sobre algunas formas cristalinas de Vanadinita de Santa Marta (Badajoz). Boletín de la Real Sociedad Española de Historia Natural, Tomo 29: 405-407.


Nieto Codina, A. 2018. Alejandro de Humboldt y Andrés Manuel del Río. Encuentros y Desencuentros en la ciencia de la nueva España. Espacio, Tiempo y Forma, 11: 337-348. http://dx.doi.org/10.5944/etfvi.11.2018.22342


Puche Riart, O. 2017. Andrés Manuel del Río Fernández (1764-1849). Fundación Ignacio Larramendi, Madrid. http://dx.doi.org/10.18558/FIL142


Uribe Salas, J. A. 2006. Labor de Andrés Manuel del Río en México: profesor en el Real Seminario de Minería e innovador tecnológico en minas y ferrerías. Asclepio. Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia, 58: 231-260.

El ave que piratea los nidos ajenos

27/02/2019

Es el heraldo de la primavera. Ningún otro pájaro es tan popular, todo el mundo conoce el canto del macho, ese "cucú" que es el origen de su nombre. El cuco común (Cuculus canorus) es el protagonista de muchas leyendas, aunque su carácter esquivo hace muy difícil su observación. También es conocido porque pone sus huevos en los nidos de otras especies más pequeñas que él, confiando en que éstas críen a los pollos. El Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) exhibe en la sala de Biodiversidad una familia de cucos que fue naturalizada por Julio Patón en 1951.

 

El cuco es un ave migradora que cría en Eurasia y el norte de África, y pasa el invierno en el África subsahariana y en el sudeste asiático. De mediano tamaño, su figura estilizada, su plumaje y su vuelo rápido, recuerdan ligeramente al gavilán (Accipiter nisus). Es un ave forestal que se alimenta de insectos, especialmente larvas de lepidópteros, incluidas las orugas que resultan repelentes para otros pájaros; también consume otras larvas y artrópodos como ciempiés, lombrices de tierra, arañas, etc. Es el parásito de cría más estudiado de Europa.


Las primeras observaciones de cómo los pollos de cuco desalojaban del nido los huevos y las crías de sus hospedadores, se las debemos a Edward Jenner (1749-1823), el descubridor de la vacuna de la viruela. Este médico británico era un gran amante de la naturaleza y empleó sus horas de ocio en estudiar el cuco, un ave que llamaba poderosamente su atención. Jenner se preguntaba por qué, como otras aves, el cuco no construía el nido, incubaba los huevos y sacaba adelante a sus crías. El británico fue elegido miembro de la Royal Society of London en 1788 tras publicar sus observaciones en Philosophical Transactions.


Criar a los hijos es una tarea muy costosa, por lo que no resulta extraño que algunas especies recurran a artimañas para librarse de ese gasto endosándoselo a otros. Alrededor de 100 especies, aproximadamente el 1% de las aves, ponen sus huevos en los nidos de otras especies y dejan que los hospedadores críen sus polluelos: son los parásitos obligados de cría.


En el caso de nuestro protagonista la escena sería la siguiente: una hembra de cuco, situada a una prudente distancia del nido que ha elegido para depositar sus huevos, espera hasta que su anfitrión comience a poner los huevos; después aprovecha el momento en que el nido esté vacío para retirar uno de los huevos y reemplazarlo por el suyo. A partir de este momento se olvida de la futura cría y continúa buscando nuevos nidos en los que repetir la operación. Suele ocurrir que el huevo de cuco eclosiona antes que los huevos del hospedador, momento que el pollo del cuco aprovecha para lanzar fuera el nido los huevos, o pollos, de su anfitrión. La cría de cuco crece rápidamente, y no es raro que su tamaño sea mucho mayor que el de sus padres "adoptivos" cuando deja el nido.


Se han documentado más de 100 especies parasitadas por el cuco, siendo las más frecuentes el acentor común (Prunella modularis), el carricero común (Acrocephalus scirpaceus), el petirrojo (Erithacus rubecula) y el bisbita común (Anthus pratensis). Las hembras de cuco ponen huevos con diversos patrones de color y suelen elegir los nidos de la especie de ave cuyo patrón de color mimetizan mejor. Normalmente, cada hembra se especializa en parasitar a una especie concreta, probablemente la misma que la cría, por lo que logra imitar con gran maestría sus huevos.


En un estudio reciente llevado a cabo en doce países de Europa y Asia, la presencia del cuco se correlaciona positivamente con la riqueza de especies de aves en ambos continentes, lo que sugiere que el cuco podría ser una herramienta útil para identificar puntos calientes de diversidad de aves, es decir, aquellas áreas con comunidades ricas en aves, y, además, podría ser aplicable en distintos ambientes, ya que el cuco es una especie muy extendida y bien adaptada para vivir en diferentes hábitats. Dada la conexión existente entre el cuco y la cultura humana, bien podría convertirse en una especie insignia para preservar y mejorar la calidad de los ecosistemas, en un momento en el que detener la pérdida de biodiversidad se ha convertido en un problema urgente para la humanidad.


Un viejo dicho señala que el número de llamadas del cuco indica la longevidad de los oyentes. Para probar esta hipótesis unos científicos recopilaron datos sobre las llamadas del cuco, la edad de los agricultores y el tamaño de la granja. La evidencia sugería que las llamadas del cuco pueden revelar información sobre la calidad del hábitat. A su vez, la edad del agricultor se correlacionó directa e indirectamente con el tamaño de la granja y el número de sílabas en las llamadas de cuco. De esta forma, vinculando el folklore a la ciencia, los investigadores han proporcionado una explicación al viejo dicho.


El cuco no sólo está presente en el folklore y en la cultura popular, sino también en la medicina. Por ejemplo, el médico griego Herófilo de Calcedonia (335 a. C. - 280 a. C.), considerado el primer anatomista, dio el nombre de cóccix al pequeño hueso ubicado al final de la columna vertebral, utilizando la palabra griega que denominaba al cuco, debido a la analogía que encontró entre el citado hueso y el pico del ave.


Curiosamente, el cuco no protagoniza ninguna canción infantil, como si lo hace la rana en "Cucú cantaba la rana..." una canción popular del siglo de oro en España.

 

Referencias bibliográficas:

 

Stoddard, M. C., Kilnerb, R. M. 2013. The past, present and future of "cuckoos versus reed warblers". Animal Behaviour, 85(4): 693-699.


Jenner, E. 1788. Observations on the Natural History of the Cuckoo. By Mr. Edward Jenner. In a Letter to John Hunter, Esq. F. R. S. Philosophical Transactions of the Royal Society of London (1776-1886), 78: 219-237.


Kilttam, L. 1973. Edward Jenner, pioneer student of two major ornithological problems. The Auk, 90: 752-758.


Møller, A. P., Morelli, F., Mousseau, T. A., Tryjanowski, P. 2016. The number of syllables in Chernobyl cuckoo calls reliably indicate habitat, soil and radiation levels. Ecological Indicators, 66: 592-597. https://doi.org/10.1016/j.ecolind.2016.02.037


Møller, A. P., Morelli, F., Tryjanowski, P. 2017. Cuckoo folklore and human well-being: Cuckoo calls predict how long farmers live. Ecological Indicators, 72: 766-768. https://doi.org/10.1016/j.ecolind.2016.09.006


Morelli, F., Møller, A. P., Nelson, E., Benedetti, Y., Liang, W., Símová, P., Moretti, M., Tryjanowski, P. 2017. The common cuckoo is an effective indicator of high bird species richness in Asia and Europe. Scientific Reports, 7, Article number: 4376 (2017).


Stevens, M. 2013. Bird brood parasitism. Current Biology, 23 (20): R909-R913. https://doi.org/10.1016/j.cub.2013.08.025

 

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