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El primate vivo más enigmático

22/05/2019

El aye-aye (Daubentonia madagascariensis) es un lémur endémico de Madagascar. Es el único miembro superviviente de un linaje que se separó de los humanos hace unos 70 millones de años. Tiene unos dientes que no paran de crecer, un tercer dedo altamente modificado, que utiliza para buscar alimento, su apariencia recuerda a las ardillas y es tan esquivo que en 1933 se le declaró extinto, aunque sería redescubierto en 1957. El Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) exhibe un ejemplar en la sala de Biodiversidad.

 

Fue descubierto por el naturalista francés Pierre Sonnerat en la isla de Madagascar hacia 1780, quien lo describió y dibujó en su obra "Voyage aux Indes Orientales et a la Chine, depuis 1774 jusqu'en 1781" publicada en Paris en 1782. El conocido anatomista y paleontólogo británico Richard Owen se interesó por él tras recibir en 1859 un ejemplar en alcohol que le envío el médico inglés Humphry Sandwith, gobernador de la isla de Mauricio por aquel entonces. Las peculiaridades de su morfología y anatomía han generado controversia desde su descubrimiento. No se sabía si encuadrarlo dentro de los primates, los roedores, o incluso los marsupiales. Fue la monografía de Owen, publicada en 1863, la que acabó con el debate sobre su posición taxonómica. Hoy se acepta que es el único representante vivo de la familia Daubentoniidae.


Es un animal realmente curioso, no es extraño que llamase la atención de Owen. Si bien su cuerpo recuerda a un lémur, muchas otras partes de su anatomía resultan más ambiguas. Así, sus prominentes orejas triangulares parecen ser las de un murciélago enorme; su cola recuerda a un zorro y sus incisivos, muy grandes, que crecen continuamente, una característica única entre los primates, semejan a los de un castor. Su hocico es corto y romo, y la nariz es rosada. Tiene una membrana nictitante (tercer párpado), que humedece el ojo cuando se seca. La mano es muy grande para su tamaño corporal, sus dedos son alargados y las garras curvas.


Uno de los rasgos más destacados del aye-aye es su tercer dedo, que es extremadamente delgado, versátil e independiente en el movimiento de los otros dedos. Lo utiliza para perforar la cáscara externa de las frutas y sacar su contenido, así como para extraer las larvas de insectos xilófagos de la madera en descomposición. Se cree que pueden utilizar este dedo para localizarlas; para ello golpean la madera en busca de espacios huecos bajo la corteza, lo que se conoce como forrajeo por percusión. Sin embargo, este punto genera controversia entre los científicos, ya que este comportamiento acústico de forrajeo implicaría un conjunto de especializaciones anatómicas, particularmente en la mano, el cráneo y el sistema nervioso central.


El aye-aye es nocturno y duerme durante el día en un nido arbóreo, que construye en lo alto de la copa de los árboles. Su actividad comienza unos 30 minutos antes del ocaso y puede prolongarse hasta la salida del sol. Durante las horas nocturnas, emplea su tiempo en alimentarse, acicalarse y descansar.


Como los chimpancés y los humanos, los aye-aye tienen la enzima ADH4 que les permite descomponer el alcohol. Un estudio paleogenético que explora la historia de las interacciones entre los primates y el etanol, ha identificado una mutación que se produjo hace unos 10 millones de años, que mejoró sensiblemente la capacidad de metabolizar el etanol. Este cambio ocurrió cuando nuestros antepasados adoptaron un estilo de vida terrestre y puede haber sido ventajoso para los primates que viven en lugares donde es común la fruta fermentada en el suelo del bosque. El estudio señala que es razonable suponer que el aye-aye haya consumido etanol en la dieta en algún momento de su historia natural. Si esto se confirmase, el consumo de etanol podría persistir en nuestros días, lo que se ha comprobado en dos ayes-ayes en cautiverio, que pueden discriminar entre concentraciones variables de alcohol en soluciones que simulan el néctar y prefieren las que tienen mayor cantidad de alcohol.


En Madagascar, algunas poblaciones humanas perciben al aye-aye como un presagio de mala suerte. Un animal fady, como el aye-aye, trae mala suerte si se mata, se toca, o, incluso, si solo se mira. Una anécdota que ilustra este punto es la carta que Humphry Sandwith, escribe a Richard Owen en 1859, en respuesta a su petición de un ejemplar. El médico inglés le comenta que el aye-aye es objeto de veneración en Madagascar y que, si un nativo lo toca, morirá dentro del año, por lo que resulta muy difícil conseguir uno. Sandwith relata que tuvo que servirse de una recompensa de 10 libras para obtenerlo. Lo cierto es que en 1933 lo declararon extinto, porque no habían visto ninguno en mucho tiempo; sin embargo, en 1957 un grupo de científicos de París que visitó Madagascar encontró un par de poblaciones. Actualmente se encuentra en peligro de extinción y la destrucción del hábitat es la principal amenaza.


El espécimen que se exhibe en el Museo figura en el "Catálogo metódico de las colecciones de mamíferos del Museo de Ciencias Naturales" de Ángel Cabrera, publicado en Madrid en 1912. Se trata de un ejemplar adulto comprado a la Maison Deyrolle de París. Del interés que mostraban los museos de historia natural por este fantástico mamífero da fe una carta que se conserva en el archivo del MNCN fechada en 1880, en la que un tal S. Nivière, de Marsella, le ofrece al director del Museo, Lucas de Tornos, un aye-aye conservado en espíritu de vino por 800 francos.


Referencias bibliográficas:


Carrigan, M. A., Uryasev, O., Frye, C. B., Eckman, B. L., Myers, C. R., Hurley, T. D., Benner, A. 2015. Hominids adapted to metabolize ethanol long before human-directed fermentation. PNAS, 112(2): 458-463. https://doi.org/10.1073/pnas.1404167111


Gochman, S. R., Brown, M. B., Dominy, N. J. 2016. Alcohol discrimination and preferences in two species of nectar-feeding primate. R. Soc. open sci.3: 160217. https://doi.org/10.1098/rsos.160217


Lhota, S., Junek, T., Bartos, L., Kubena, A. A. 2008. Specialized Use of Two Fingers in Free-Ranging Aye-Ayes (Daubentonian madagascariensis). American Journal of Primatology, 70: 786-795.


Owen, R. 1863. Monograph on the Aye-Aye. Chiromys Madagascariensis, Cuvier. London, Taylor and Francis, 72 pp.


Quinn, A., Wilson, D. 2004. Daubentonia madagascariensis. Mammalian Species, 710: 1-6

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Simmons, E. L., Meyers, D. M.2001. Folklore and Beliefs about the Aye aye (Daubentonia madagascariensis). Lemur News, 6: 11-16.


Sterling, E. J., McCreless, E. 2006. Adaptations in the Aye-aye: A Review. Pp. 161-186. En: Gould, L, Sauther, M.L. (eds.), Lemurs: Ecology and Adaptation. Springer Science+Business Media, LLC. New York.

 

Las estatuillas que llegaron de Oriente

29/04/2019

Las curiosidades de arte eran objetos de distinta naturaleza, propios de las artes decorativas, muy buscados por los coleccionistas en la época de la Ilustración. Estas piezas, que fusionan arte y ciencia, reflejan la curiosidad intelectual y el amor por el conocimiento en el Siglo de las Luces. En la colección de Geología del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) se conservan nueve pequeñas esculturas labradas en esteatita, enviadas desde Manila en 1790 por el botánico español Juan de Cuéllar.

 

A finales del siglo XVIII el arte oriental causaba admiración entre los europeos y era común la presencia de objetos orientales en las colecciones y gabinetes de curiosidades de los nobles y otros personajes ilustrados de la época, como Pedro Franco Dávila, creador y director del Real Gabinete de Historia Natural de Madrid. Gracias a Dávila, el Real Gabinete fue la primera institución española que formó y exhibió una colección de arte de Asia oriental. Para completar dicha colección, Dávila elaboró una lista con las piezas que deseaba adquirir, que eran similares a las que poseía cuando vivía en París. En las instrucciones de compra subrayaba que las piezas debían caracterizarse por su buena factura y singularidad.


Aunque Dávila falleció en 1786, la colección de manufacturas y obras de arte de Asia oriental no dejó de crecer, gracias a las detalladas instrucciones que había elaborado en 1776 y 1785. Las últimas las redactó para Juan de Cuéllar (1739-1801), un farmacéutico nacido en Aranjuez, que en 1785 sería nombrado catedrático de botánica en el Jardín Botánico de Sevilla, plaza a la que renunció para incorporarse a una expedición botánica a las Islas Filipinas (1786-1797). Esta expedición la llevaría a cabo la Real Compañía de Filipinas fundada en 1785 con el objetivo de unir el comercio de América con Asia.


Cuéllar fue nombrado Botánico Real y Naturalista de las Islas Filipinas, pero sin sueldo, y en el transcurso de la expedición envió conchas, minerales, semillas, resinas, dibujos, etc., al Real Gabinete, aunque hay que decir que las plantas enviadas fueron escasas. Para compensar mandó cajones con lo que se consideraban rarezas, que incluían objetos trabajados en minerales, como las figuras de esteatita, en las que Dávila estaba muy interesado. Dichas figuras, listadas en un escrito firmado por Cuellar en Manila en 1790, fueron enviadas al Real Gabinete a bordo de la fragata Placeres.


Llama la atención el buen conocimiento que tenía Dávila de los productos disponibles en el mercado asiático para la exportación, como buen coleccionista que era de objetos exóticos e imbuido en la moda orientalista del siglo XVIII. El centro de producción más importante de estos objetos era el sur de China, donde se conectaban las rutas comerciales que abastecían de todo tipo de objetos suntuarios a Europa y distintas zonas de Asia.


Las pequeñas esculturas que llegaron de Filipinas exhiben temas tradicionales de la cultura china y están realizadas en esteatita, antigua denominación de minerales blandos y untuosos como el talco y la pirofilita; el talco es un silicato de magnesio hidratado y la pirofilita un silicato hidratado de aluminio. Aunque la esteatita es fácil de trabajar, se raya con la uña, hay que ser cuidadoso al esculpirla para evitar fracturas. Este mineral resulta familiar en el mundo de la costura, ya que se utiliza para trazar las líneas de corte en las telas, de ahí que sea conocido como "jabón de sastre".


En el Museo se conservan nueve estatuillas, siete labradas en esteatitas-talco procedentes de China y dos en esteatitas-pirofilita procedentes de Japón. Para determinar su procedencia, el investigador del MNCN Javier García Guinea y el conservador del MNCN Julio González Alcalde realizaron análisis químicos de las estatuillas, por energías dispersivas de rayos X (EDS-ESEM) y, desde el punto de vista molecular, por espectroscopia Raman. De este modo, atendiendo al estilo artístico, la composición química y las propiedades organolépticas de las estatuillas, se han podido identificar dos esculturas que apuntan hacia tallas de pirofilita procedentes de Japón: un paisaje con árboles y pequeñas construcciones, y una posible pared rocosa con nubes o humo y dos figuras con una flor de loto en las manos.


Las figuras de esteatita-talco que, muy probablemente, proceden de China son un pez con dos orificios en la aleta superior e inferior, con posible función para colgar o sujetar; un recipiente decorado con un lagarto; un anciano sentado con peinado recogido y larga barba, y otras cuatro tallas, muy bellas, que representan figuras humanas, todas ellas de pie. Dos con atuendos propios de las clases altas: una con gorro historiado y túnica, y otra con túnica y collar largo; una tercera con un vestido largo, sujetando un objeto redondo con una mano y con la otra, un recipiente parecido a un frutero con una botella y una escudilla en su interior; y la última es una figura masculina con gorro y zapatos, con los brazos cruzados.


Estas piezas históricas testimonian el gusto por los objetos procedentes de otras culturas, cuyo exotismo suscitaba la evocación de culturas lejanas, radicalmente diferentes a la europea. Algunas se exhiben en la exposición dedicada al Real Gabinete.


Referencias bibliográficas:


García-Guinea, J., González-Alcalde, J. Nieto Codina, A. 2013. Estudio y composición de nueve estatuillas chinas y japonesas del Museo Nacional de Ciencias Naturales aportadas por D. Juan de Cuellar en el siglo XVIII. Arbor, Vol. 189-762, julio-agosto 2013, a059. https://doi.org/10.3989/arbor.2013.762n4010


González-Alcalde, J., Nieto, A., GarcíaGuinea, J. 2012. Estatuillas chinas del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN). Ocho aportaciones orientales de D. Juan de Cuellar en el siglo XVIII. Madrid Histórico, 38, marzo/abril. Madrid.


Sagaste-Abadía, D. 2012. Pedro Franco Dávila (1711-1786) y el coleccionismo de curiosidades de arte asiáticas en el siglo XVIII. Pp. 203-243, en: Sánchez-Almazán, J. I. (coord.), Pedro Franco Dávila (1711-1786). De Guayaquil a la Royal Society. Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid.

 

Un piojo que podría extinguirse con el lince ibérico

12/04/2019

En la colección de Entomología del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) se conservan los especímenes que han servido para describir seis especies de unos ectoparásitos de aves y mamíferos conocidos como malófagos. Entre ellas merecen destacarse dos que parasitan a especies emblemáticas de nuestra fauna, como es el lince ibérico (Lynx pardinus) o el águila imperial ibérica (Aquila adalberti).

 

Una parte muy importante de la biodiversidad está constituida por parásitos. Se estima que la mitad de todas las plantas y animales conocidos lo son, al menos en algún momento de su ciclo vital; ninguna especie está libre de la infección por parásitos. Entre los más conocidos, aunque no gocen precisamente de buena fama, se encuentran los piojos, que son unos insectos pertenecientes al orden Phthiraptera. Son animales minúsculos, apenas miden 2-3 mm cuando son adultos, carecen de alas y su cuerpo está aplanado dorso-ventralmente.


Los malófagos o piojos masticadores son ectoparásitos obligados de aves y mamíferos que desarrollan todo su ciclo biológico sobre el cuerpo del hospedador, alimentándose de plumas, pelos y descamaciones dérmicas. Su vida transcurre a una temperatura constante, unos 35º en los mamíferos y algo más en las aves, desplazándose ágilmente entre las plumas, o el pelo, desde las zonas más profundas a la parte externa del animal a fin de asegurarse la temperatura óptima. En cuanto a la humedad, la más adecuada para ellos se sitúa en torno al 70-80%, aunque son capaces de tolerar una humedad relativa muy baja, lo que les ha permitido colonizar ambientes extremos.


Aunque los filósofos griegos ya mencionaban a estos peculiares insectos, el primer autor que escribió sobre ellos fue el naturalista toscano Francesco Redi en 1668. Después del italiano, muchos zoólogos incluyen descripciones de malófagos en sus obras, si bien habrá que esperar al siglo XIX para que aparezcan estudios específicos sobre ellos. En nuestro país los primeros trabajos sobre este grupo los publicó el entomólogo vasco Antonio García Fresca en los años 20 del siglo pasado; eran trabajos taxonómicos realizados con las colecciones del MNCN. En 1960 el entomólogo Juan Gil Collado, que trabajó e hizo su tesis doctoral en el MNCN, publicó "Insectos y ácaros de los animales domésticos". Cabe comentar que, durante la dictadura de Franco, ambos entomólogos serían condenados por el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y Comunismo a la sanción de inhabilitación perpetua.


Se conocen alrededor de 4.500 especies de malófagos en el mundo, de los cuales 3.900 son parásitos de aves y 600 de mamíferos; en la península ibérica se estima que existen unas 250 especies que parasitan a aves y 16 a mamíferos. Casi todos los piojos son específicos del huésped, por lo que su distribución geográfica está supeditada a la de las aves y mamíferos en los que se hospedan. El paso de un hospedador a otro se produce a través del contacto corporal, bien en los grupos sociales, durante la cópula o en el cuidado de las crías.


Este grupo de ectoparásitos son relevantes desde un punto de vista económico, ya que pueden afectar al vigor y productividad de sus hospedadores, entre los que se encuentran los animales domésticos, sin olvidar su papel como reservorios y transmisores de enfermedades infecciosas. No obstante, hay que señalar que no son susceptibles de infestar al hombre.


Desde una perspectiva conservacionista, conviene no olvidar que los parásitos son elementos esenciales en los ecosistemas naturales saludables, por lo que merecen ser conservados junto con sus anfitriones; además, su especificidad les convierte en referentes para estudios de biodiversidad. Los malófagos son un modelo interesante en estudios de coespeciación, que es el proceso por el que dos especies con una relación muy próxima, como la que existe entre parásitos y sus hospedadores, experimentan especiación en paralelo. Del mismo modo, es probable que la extinción de cualquier especie hospedadora pueda dar lugar a la pérdida de sus parásitos específicos; en este caso se trataría de una coextinción.


Los piojos han ayudado a determinar las relaciones filogenéticas que existen entre distintos grupos de aves. Es el caso de los flamencos, que por su morfología parecen más próximos a las cigüeñas que a los patos. Sin embargo, un estudio reciente ha encontrado nuevas evidencias sobre la estrecha relación existente entre los piojos de los flamencos y los de las anátidas, lo que sugiere que sus huéspedes comparten un ancestro común y ha habido coespeciación.


La colección de malófagos del MNCN ha sido organizada y estudiada por María Paz Martín Mateo, antigua investigadora del Museo. Contiene 2.940 preparaciones microscópicas con unos 5.000 ejemplares. En las 2.378 preparaciones estudiadas se han determinado 259 taxones pertenecientes a 21 familias y su procedencia geográfica es mayoritariamente española. Todo el material corresponde al siglo XX y los especímenes más antiguos fueron colectados en 1904 por el entomólogo Manuel Martínez de la Escalera.


Uno de los aspectos más reseñables de esta colección es el material tipo, es decir, los especímenes que han servido para describir seis especies de malófagos, entre las que se encuentran dos que parasitan a especies tan representativas de nuestra fauna, como es el águila imperial ibérica, Colpocephalum imperialis, Martin Mateo, 1981; o el lince ibérico, Felicola (Lorisicola) isidoroi, Pérez & Palma, 2001. El parásito del lince, es especialmente valioso, ya que se trata del único parásito estrictamente específico del lince ibérico y del que se conserva un único ejemplar, un macho encontrado en un lince atropellado en la sierra de Andújar en 1997, que ha servido para nombrar a la especie. Aunque se ha buscado en otros linces, hasta la fecha no se ha encontrado ningún otro espécimen de esta especie de parásito. Su rareza refleja bien la situación tan crítica que atraviesa el lince ibérico, el felino más amenazado del mundo.


Referencias bibliográficas:


Gil Collado, J. 1960. Parásitos externos de las gallinas. Hojas Divulgadoras. Madrid, Ministerio de Agricultura. Dirección General de Coordinación, Crédito y Capacitación. Sección de Capacitación. Número 14-60 H, 24 págs.


Johnson, K. P, Kennedy, M., McCracken, K. G. 2006. Reinterpreting the origins of flamingo lice: cospeciation or host-switching? Biology Letters, 2006 Jun 22; 2(2): 275-278. doi:10.1098/rsbl.2005.0427


Martín Mateo, M. P. 1989. Estado actual del conocimiento sobre los malófagos (Insecta) parásitos de aves y mamíferos en España. Revista Ibérica de Parasitología, 49(4): 387-405.


Martín Mateo, M. P. 2002. Fauna Ibérica. Vol. 20. Mallophaga, Amblycera. Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC), Madrid, 187 pp.


Martín Mateo, M. P. 2006. Diversidad y distribución de las especies de Mallophaga (Insecta) en aves y mamíferos de la Comunidad de Madrid. Graellsia, 62: 21-32.


Martín Mateo, M. P. 2009. Fauna Ibérica. Vol. 32. Phthiraptera, Ischnocera. Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC), Madrid, 363 pp.


Pérez, J. M., Palma, R. L. 2001. A new species of Felicola (Phthiraptera: Trichodectidae) from the endangered Iberian lynx: another reason to ensure its survival. Biodiversity and Conservation, 10 (6): 929-937.


Pérez, J. M., Sánchez, I., Palma, R. L. 2013. The dilemma of conserving parasites: the case of Felicola (Lorisicola) isidoroi (Phthiraptera: Trichodectidae) and its host, the endangered Iberian lynx (Lynx pardinus). Insect Conservation and Diversity, 6 (6): 680-686. https://doi.org/10.1111/icad.12021


Pérez, J. M. 2015. Orden Phthiraptera. Revista IDE@ - SEA, 51: 1-11


Price, R. D., Hellenthal, R. A., Palma, R. L., Johnson, K. P., Clayton, D. H. 2003. The chewing lice: world check list and biological overview. Illinois Natural History Survey, Special Publication 24. Illinois. x + 501 pp.

 

Un lagarto de Persia con historia

27/03/2019

El lagarto iraquí de cola espinosa (Saara loricata) es un bello reptil de tamaño mediano, típico de las áreas semidesérticas de Oriente Próximo. El Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) exhibe un ejemplar colectado en Irán en 1899 por el naturalista Manuel Martínez de la Escalera.

 

A finales del siglo XIX, el explorador y científico Manuel Martínez de la Escalera (1867-1949) emprendió dos viajes a Oriente Próximo, el primero a Anatolia y Siria en 1898, y el segundo a Persia en 1899. Martínez de la Escalera, que fue uno de los grandes entomólogos españoles de la época, estuvo estrechamente vinculado al MNCN durante más de 50 años. Además de sus múltiples publicaciones científicas, hay que destacar su labor como recolector que le permitió reunir colecciones muy valiosas que se encuentran en importantes museos de ciencias naturales, entre ellos el MNCN.


En la expedición a Irán, financiada por el entomólogo francés René Oberthür, estuvo acompañado por su hermano Fernando. Salieron en enero de 1899 y a lo largo de cinco meses recorrerían las provincias sudoccidentales de lo que entonces se conocía como Persia. Él se encargaba de colectar insectos y crustáceos, y su hermano recogía plantas. Todo ello sin dejar de anotar diariamente las observaciones barométricas y termométricas. Finalmente recolectaron en torno a 3.000 especies, considerando animales y plantas, lo que no es desdeñable dada la escasa biodiversidad de la región, que según Escalera sólo era rica en ortópteros, de los que trajeron unas 150 especies. Hay que mencionar también que fue la primera expedición botánica a Persia realizada por españoles.


En las conclusiones del viaje que Manuel M. de la Escalera presentó en la Sociedad Española de Historia Natural señalaba que no habían podido reunir mamíferos o reptiles que sobrepasasen cierto tamaño debido a la falta de recursos y personal de apoyo para llevarlos consigo; respecto a los reptiles comentó que sólo habían conservado pequeños lacértidos. Hay que tener en cuenta que en las montañas se vieron obligados a cargar las colecciones, las tiendas de campaña y las provisiones sobre asnos y vacas, como hacían los naturales en sus continuas mudanzas, ya que los caballos y mulas no resistían las penalidades del viaje y la mala alimentación que se les daba en una zona tan mísera.


Uno de los reptiles que capturaron es el lagarto iraquí de cola espinosa, que antes se incluía en el género Uromastyx. La subfamilia Uromastycinae pertenece a la familia Agamidae y está compuesta por 18 especies: tres dentro del género Saara y quince en Uromastyx. Los lagartos de esta subfamilia tienen la cola cubierta por escamas espinosas dispuestas en espirales, de ahí su nombre. El principal problema taxonómico dentro del género Uromastyx fue delimitar correctamente los taxones a nivel de especie y subespecie, ya que había una gran confusión sobre la identidad de las diferentes especies. Actualmente, atendiendo a la morfología externa y a las distancias inmunológicas entre taxones, se ha conseguido establecer varios grupos de especies dentro de Uromastyx que son reconocibles.


Saara loricata se distribuye por Iraq y suroeste de Irán, en zonas que se caracterizan por temperaturas elevadas y escasa precipitación. Se localiza en llanuras y valles con escasa vegetación, evitando las zonas con dunas de arena, ya que viven en madrigueras y necesitan suelos compactos para poder excavar. Un estudio sobre el papel que juega la riqueza, diversidad y cobertura de la vegetación en la selección del lugar donde ubicar la madriguera, mostró diferencias evidentes entre las parcelas con madrigueras y las que no tenían. La vegetación alrededor de la madriguera parece desempeñar un papel importante en la provisión de alimento y como refugio, lo que afecta positivamente su tasa de supervivencia.


El lagarto iraquí de cola espinosa que se exhibe en la sala de Biodiversidad es el único reptil colectado por los hermanos Martínez de la Escalera que se conserva naturalizado: su taxidermia data de principios del siglo XX. Este espécimen aparece en el Catálogo de las colecciones zoológicas de Asia del MNCN con la etiqueta MNCN 40492, y es uno de los ejemplares históricos de la colección de Herpetología.


Referencias bibliográficas:


Casado, S. 2005. Manuel Martínez de la Escalera, ciencia y aventura en Oriente. Arbor, 180 (711/712): 843-858. https://doi.org/10.3989/arbor.2005.i711/712.475


Martín Albaladejo, C., Izquierdo Moya, I. (eds.). 2011. Al encuentro del naturalista Manuel Martínez de la Escalera (1867-1949). Monografía del Museo Nacional de Ciencias Naturales. CSIC, Madrid.


Martínez de la Escalera, M. 1900. Nota sobre viaje a las provincias Sudoccidentales de la Persia. Anales de la Sociedad Española de Historia Natural, 29 (Actas): 72-75.


Nazari-Serenjeh, F., Torki, F. 2017. Geographical distribution and conservation biology of the Mesopotamian spiny-tailed lizard Saara loricata in Bushehr Province, southern Iran. Iran Herpetological Bulletin, 139: 23-80.


Tamar, K., Metallinou, M., Wilms, T, Schmitz, A., Crochet, P. A., Geniez, Ph., Carranza, S. 2018. Evolutionary history of spiny-tailed lizards (Agamidae: Uromastyx) from the Saharo-Arabian región. Zoologica scripta, 47(2): 159-173. https://doi.org/10.1111/zsc.12266


Wilms, T. M., Böhme, W., Wagner, Ph., Lutzmann, N., Schmitz, A. 2009. On the Phylogeny and Taxonomy of the Genus Uromastyx Merrem, 1820 (Reptilia: Squamata: Agamidae: Uromastycinae) - Resurrection of the Genus Saara Gray, 1845. Bonner zoologische Beiträge, 56 (1/2): 55-99.

 

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