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El calamar gigante sigue siendo una criatura rodeada de misterio

06/02/2019

Es el mayor invertebrado del planeta y posee los ojos más grandes del reino animal. Es una especie cosmopolita que está presente en todos los océanos. Viven en mar abierto entre 300 y 1.500 metros de profundidad. Asturias es una de las zonas con mayor número de apariciones del mundo. Existen pocos ejemplares completos de calamar gigante (Architeuthis sp.) en las colecciones de los museos. El Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) exhibe una hembra que quedó varada en una playa de Fuengirola (Málaga) en 2001.

 

Aunque se cree que no es raro, encontrar este fabuloso animal es muy difícil. Durante décadas ha sido objeto de deseo de científicos y periodistas de todo el mundo, pero hasta 2012 no se ha podido filmar un calamar gigante vivo en su hábitat natural. Los registros que se tienen proceden de capturas accidentales por pesqueros, varamientos en las costas, restos hallados en los estómagos de sus depredadores -como los cachalotes- y avistamientos ocasionales flotando en superficie. A finales de 2004 el número de registros ascendía a 306 individuos en el Atlántico y 264 en el Pacífico.


Además de la escasez de registros, hay que tener en cuenta que muchos de ellos corresponden a animales que se encuentran en mal estado. Los teutólogos, que son los que estudian los cefalópodos, han descrito hasta 21 especies nominales, pero se desconoce el número real ya que están descritas de forma inadecuada o insuficiente. Algunas han sido nombradas basándose solo en la ubicación, en restos incompletos o en fragmentos regurgitados por cachalotes.


Fue el naturalista danés Johan Jappetus Steenstrup (1813-1897) quien nombró a los calamares gigantes como Architeuthis, un nuevo género dentro de la clase de los cefalópodos. Aunque hoy no existe consenso en la comunidad científica sobre el número de especies, la opinión más generalizada es que parece existir una única especie que, por prioridad, sería Architeuthis dux (Steenstrup, 1857).


La idea de que sólo existe una especie de calamar gigante se apoya en la bajísima diversidad genética mitocondrial hallada en un estudio en el que se analizaron cuarenta y tres muestras de tejido blando de ejemplares procedentes de Asturias, Galicia, Valencia, Florida, Japón, Canadá, Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda. Los resultados del estudio indican que todos los calamares gigantes forman parte de una única población y que no hay barreras geográficas que impidan su apareamiento.


Los calamares gigantes son animales enormes: su cuerpo puede alcanzar los 240 cm y pueden llegar a pesar 275 kg; las hembras son más grandes que los machos. Al igual que otros cefalópodos, en la cabeza tienen diez apéndices rodeando la boca: ocho brazos y dos tentáculos. Los tentáculos, que le sirven para atrapar a sus presas, son larguísimos, con ellos estirados pueden llegar a medir 18 metros.


Como en las profundidades del océano no llega la luz, sus ojos son muy anchos, hasta 25 cm, lo que les permite vislumbrar las presas bioluminiscentes o detectar a sus predadores. En el manto, que es la parte principal del cuerpo, se encuentran los órganos internos. En sus músculos hay altas concentraciones de amoníaco, lo que les permite flotar sin apenas gastar energía; la "desventaja" es que impide que sean comestibles.


Los cefalópodos son moluscos de crecimiento rápido, pero en esta especie aún existe controversia sobre su longevidad y tasa de crecimiento. La esperanza de vida de un calamar gigante es amplia, habiéndose estimado mediante diferentes métodos la duración de su ciclo vital entre 1 y 14 años de edad. Recientemente, en el Instituto Oceanográfico de Canarias, han adaptado una técnica que les permite estimar la edad de los calamares gigantes mediante el uso de sus mandíbulas (picos); hasta ahora las estimaciones se hacían a partir del número de anillos de crecimiento en unas estructuras duras conocidas como estatolitos.


Los monstruos marinos forman parte del acervo popular desde la antigüedad. Hace cientos de años, los marinos noruegos estaban aterrorizados por el Kraken, un terrible monstruo capaz de hundir barcos y comerse toda su tripulación. Hoy sabemos que las leyendas de este monstruo se basan en avistamientos de calamares gigantes.


La primera fotografía de un calamar gigante se tomó en 1874. El reverendo presbiteriano Moses Harvey compró el ejemplar a unos pescadores que lo habían capturado accidentalmente en Logy Bay (Terranova). Harvey exhibió la cabeza y los brazos del molusco, colocados sobre una bañera, en su sala de estar y el profesor Adisson E. Verrill, de la Universidad de Yale, lo utilizó para realizar la primera descripción precisa y una ilustración científica del calamar gigante.


A principios de 2004 se presentó el primer documental sobre calamares gigantes producido íntegramente en España: Proyecto Kraken: en busca del Calamar Gigante. En él se relatan los intentos por filmar vivo un Architeuthis en las profundidades de Carrandi, frente a las costas de Asturias. Nueva Zelanda y Asturias son las dos zonas con mayor número de apariciones de Architeuthis del mundo, por lo que se han convertido en polos de atracción para los científicos.


La colección de calamares gigantes depositada en el Aula del Mar de Luarca era, y continúa siendo, la mejor dotada del mundo. Pero temporales sucesivos, especialmente el de 2014, que provocó grandes destrozos en el museo, determinó su cierre al público. Actualmente el museo continúa cerrado y, previsiblemente, abrirá de nuevo en 2020.


En el MNCN se exhibe un ejemplar de Architeuthis que apareció varado en una playa de Fuengirola el 26 de junio de 2001. Se trata de una hembra inmadura de 65 Kg, cuyo manto mide 125 cm y su longitud total alcanza los 750 cm. Es el segundo registro en el Mediterráneo, el primero había aparecido también en Fuengirola en 1998 y se conserva en Aula del Mar de Málaga. A finales de 2012 se encontró en Algeciras el ejemplar más grande hallado en el Mediterráneo.

 

Referencias bibliográficas:


Ablett, J. (2012). The Giant Squid, Architeuthis dux Steenstrup, 1857 (Mollusca: Cephalopoda): The Making of an Iconic Specimen. NatSCA News, 23: 16-20.


Aldrich, F. A. 1991. Some aspects of the systematics and biology of squid of the genus Architeuthis based on a study of specimens from newfoundland waters. Bulletin of Marine Science, 49 (1-2): 457-481.


Guerra, A., González, A. F., Pascual, S., Dawe, E. G. 2011. The giant squid Architeuthis: An emblematic invertebrate that can represent concern for the conservation of marine biodiversity. Biological Conservation, 144: 1989-1997.


Guerra, A., Rodriguez-Navarro, A. B., Gonzalez, A. F., Romanek, C. S., Alvarez-Lloret, P., Pierce, G. J. 2010. Life-history traits of the giant squid Architeuthis dux revealed from stable isotope signature recorded in beaks. ICES Journal of Marine Science, 67: 1425-1431.


Guerra, A., González, A. F., Rocha, F., Gracia, J. y Laria, L. 2006. Enigmas de la Ciencia: El calamar gigante. Guerra et al., (eds.). Instituto de Investigaciones Marinas (CSIC, Vigo), España, 313 pp.


Kubodera, T., Mori, K. 2005. First-ever observations of a live giant squid in the wild. Proc. R. Soc. B., 272: 2583-2586. doi:10.1098/rspb.2005.3158


Perales-Raya, C., Bartolomé., A., Hernández-Rodríguez, E. 2018. How old are giant squids? First approach to ageing Architeuthis beaks. Cephalopod International Advisory Council Conference 2018, St. Petersburg, Florida, USA. Book of abstracts, pp. 16.


Salvador, R. B., Tomotani, B. M. 2014. The Kraken: when myth encounters science. Hist. cienc. saude-Manguinhos, 21 (3).


Soriano, O. 2017. Kraken, el monstruo de las mil caras. Naturalmente, 14: 48-52.


Winkelmann, I., Campos, P. F., Strugnell, J. et al., 2013. Mitochondrial genome diversity and population structure of the giant squid Architeuthis: genetics sheds new light on one of the most enigmatic marine species. Proc. Royal Society B, 280. https://doi.org/10.1098/rspb.2013.0273

Un mamífero fósil que llamó poderosamente la atención de Darwin

21/01/2019

El gliptodonte (Glyptodon sp.) era un animal acorazado que vivió durante el Pleistoceno en América del Sur. Estaba emparentado con los armadillos y el megaterio, y se extinguió hace unos 10.000 años. El Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) exhibe en su edificio de Geología dos caparazones de gliptodonte, y unos fragmentos de su coraza de gran valor histórico, ya que fueron colectados en 1788.

 

Durante su viaje en el Beagle Charles Darwin recolectó miles de fósiles. Merecen destacarse los restos fósiles de algunos mamíferos que recogió en varias localidades de Argentina en 1832 y 1833, entre los que se encontraba el gliptodonte. Los fósiles de Glyptodon fueron muy reveladores ya que le permitieron establecer la conexión entre los armadillos modernos, como los que él cocinaba y comía mientras viajaba, con los gliptodontes prehistóricos, mucho más grandes, que encontró en los acantilados. Todo ello le llevó a concluir que estas especies relacionadas habían cambiado a través del tiempo.


Los primeros restos fósiles del gliptodonte los había encontrado el naturalista y jesuita inglés Thomas Falkner en 1760 a orillas del río Carcarañá, en Argentina. Se trataba de una armadura que, salvo por su gran tamaño, le recordaba la coraza de un armadillo y estaba constituida por unos huesecillos hexagonales de al menos una pulgada de diámetro. Pero la primera descripción científica de un gliptodonte la realizaría Owen ochenta años después, a partir de un espécimen hallado en el río Matanza, en la provincia de Buenos Aires, que el cónsul Parish había entregado al Royal College of Surgeons de Londres.


La descripción del nuevo género Glyptodon aparecería en 1838 en "Fossil Mammalia", una serie en cuatro fascículos que se publicaría entre 1838 y 1840. En aquel entonces la diversidad de la fauna fósil era muy limitada, pues apenas se conocían unos pocos géneros de mamíferos. Su clasificación resultaba complicada y era difícil establecer relaciones entre los mismos, ya que la aparición de nueva información procedente de las provincias de la Plata, hizo que las afirmaciones sobre la sistemática de este grupo de 1838 no valieran cuando la serie se completó.


El caparazón de los gliptodontes estaba formado por numerosas placas óseas de contorno poligonal en forma de roseta, que en los individuos adultos estaban soldadas formando una coraza rígida de grosor variable. Uno de los aspectos más llamativos de su anatomía era su esqueleto, que para poder soportar el pesado caparazón estaba modificado con la fusión de las vértebras dorsales, lumbares y sacras. Hay que tener en cuenta que estos animales podían medir más de dos metros y superar las dos toneladas.


Además de la gruesa coraza que protegía su cuerpo, la parte superior de la cabeza también contaba con un casquete que preservaba su cráneo. Igualmente, la cola estaba recubierta por un estuche óseo. La única parte de su cuerpo que estaba desprotegida era la región ventral, que solo estaba cubierta por gruesos pelos como cerdas. Sus patas eran muy cortas y acababan en uñas robustas con las que escarbaban el suelo en busca de raíces, ya que eran herbívoros.


Los gliptodontes han llamado la atención de los biólogos evolutivos debido a sus notables adaptaciones esqueléticas y a su aislamiento filogenético. Pertenecen al superorden Xenarthra que agrupa a osos hormigueros, perezosos y armadillos. En 1889, el paleontólogo argentino Florentino Ameghino publicó la primera filogenia de los gliptodontes, basada en las características óseas de la cola y los osteodermos del caparazón, y dedujo que estaban claramente relacionados con los cingulados, un orden del que actualmente solo sobrevive una familia. La datación molecular sugiere que los gliptodontes divergieron hace 35 millones de años y que sufrieron un aumento espectacular del tamaño corporal durante el Neógeno hasta su extinción al final de la última era glacial, como le ocurrió a la mayoría de la megafauna sudamericana.


La mejor colección de fósiles de mamíferos del Pleistoceno de España, y posiblemente de Europa, se encuentra en el Museu de les Ciències Naturals de Valencia. El ingeniero valenciano José Rodrigo Botet (1842-1915) fue uno de los hombres más influyentes de Argentina por su labor como promotor e ingeniero de grandes obras. Su amistad con el profesor de ciencias catalán Enrique de Carles le llevó a interesarse por los restos paleontológicos que se descubrían en las obras que realizaba. El citado profesor dedicaba su tiempo libre a recoger fósiles en la cuenca del Río de la Plata y consiguió reunir una extraordinaria colección. Aunque el Museo Zoológico de Copenhague se la iba a comprar, Botet se adelantó y fue él quien la adquirió, donándola en 1889 a la ciudad de Valencia.


El catedrático de Historia Natural de la Universidad de Valencia Eduardo Boscà (1843-1924) fue nombrado director de la colección paleontológica. Desde el primer momento, tuvo que sobrellevar graves contratiempos. El primero de ellos surgió cuando Enrique de CarIes, que trabajaba para el Museo Nacional de Buenos Aires y que había acompañado a la colección a su llegada a Valencia para proceder a su montaje, regresó a Argentina precipitadamente por la epidemia de cólera que sufrió Valencia en 1890. Ese sólo fue el inicio de los problemas a los que se tuvo que enfrentar Boscá para consolidar un verdadero museo paleontológico a partir del legado de José Rodrigo Botet.


El MNCN conserva una reproducción en escayola de un Glyptodon clavipes que fue solicitada al Museo Paleontológico de Valencia en 1925 por el director del MNCN Ignacio Bolívar, aprovechando el vaciado de uno de los grandes gliptodontes de su colección para embellecer uno de los parques de la ciudad. La documentación del proceso de donación se conserva en el Archivo del MNCN (signatura: CN0277/011).


Junto a la réplica valenciana se exhibe una coraza fósil de gliptodonte, colectada en el río Salado (Argentina), que parece haber sido montada por el zoólogo y paleontólogo Ángel Cabrera (1879-1960) en el Museo de la Plata, según se deduce de la correspondencia que éste mantuvo con el director del Museo Ignacio Bolívar, que se conserva en el Archivo del MNCN (signatura: ACN0358/003). Cabrera, que trabajó en el MNCN entre 1902 y 1925, envió una carta a Bolívar el 4 de agosto de 1928 en la que habla de una coraza de gliptodonte que estaba preparando para enviar a Madrid. En otra carta fechada el 14 de octubre de 1929 le comenta que ya ha preparado dos grandes cajones con el material paleontológico que ha puesto en una agencia de transportes y que cuando sepa la fecha de llegada del barco se lo hará saber.


Asimismo, en el Museo se conservan unos osteodermos procedentes de las orillas del río Luján (Argentina) que se exhiben junto a una etiqueta antigua. Estos fragmentos se encontraron en 1788 en el yacimiento donde se habían hallado los restos de Megaterio del MNCN y fueron remitidos a España en el mismo envío, tal y como se recoge en el informe sobre el estado del esqueleto del Megaterio del Museo presentado por Eduardo Boscá en 1903 con motivo del traslado de las colecciones de la calle Alcalá al nuevo local del Palacio de Biblioteca y Museos.


Referencias bibliográficas:


Boscá y Casanova, E. 1903. Informe sobre el estado del esqueleto de "Megaterio" del Museo de Ciencias Naturales de Madrid. Boletín de la Sociedad Española de Historia Natural: 211-226.


Delsuc, F., Gibb, G. C., Kuch, M., Billet, G., Hautier, L., Southon, J., Rouillard, J. M., Fernicola, J. C., Vizcaíno, V., MacPhee, R. D. E, Poinar, H. N. 2016. The phylogenetic affinities of the extinct glyptodonts. Current Biology, 26, R141-R156


Fernicola, J. C. 2008. Nuevos aportes para la sistemática de los Glyptodontia Ameghino 1889 (Mammalia, Xenarthra, Cingulata). Ameghiniana, 45(3): 553-574.


Fernicola, J. C., Vizcaíno, S. F., de Iuliis, G. 2009. The fossil mammals collected by Charles Darwin in South America during his travels on board the HMS Beagle. Revista de la Asociación Geológica Argentina, 64 (1): 147-159.


Fernicola, J. C. Porpino, K. O. 2012. Exoskeleton and Systematics: A Historical Problem in the Classification of Glyptodonts. Journal of Mammalian Evolution, 19 (3): 171-183.


Pasquali, R., Tonni, E. 2008. Los hallazgos de mamíferos fósiles durante el Período Colonial en el actual territorio de la Argentina. En: Aceñolaza, Florencio (ed.) Historia de la Geología Argentina I. Tucumán: Instituto Superior de Correlación Geológica, p. 35-42.

 

La regadera de Filipinas, un ejemplo de bioinspiración

29/11/2018

Esta esponja es un curioso animal cuyo esqueleto, que recuerda a un exquisito encaje de cristal, es un prodigio de ingeniería que puede servir de inspiración para el diseño de nuevos materiales ultrarresistentes. En Japón es muy apreciada como regalo de boda. El Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) conserva varios ejemplares históricos en su colección de Invertebrados.

 

Biomimética significa imitar a la naturaleza viva y es algo tan antiguo como el ser humano. Se trata de una ciencia que utiliza a la naturaleza como fuente de inspiración para encontrar diseños, procesos, materiales o productos que permitan resolver problemas humanos. Para ello requiere el concurso de disciplinas muy diversas como la biología, la física, la química, las matemáticas, etc. Cuando se aplica a la ingeniería o a la arquitectura, el término más apropiado es bioinspiración, ya que se trataría de interpretación, en lugar de copia directa.


Las esponjas eran numerosas en los mares del Precámbrico, hace aproximadamente unos 580 millones de años. Se trata de animales muy simples, sin tejidos diferenciados ni órganos. Quizás fuera debido a esta simplicidad que hasta principios del siglo XIX se creía que eran plantas. Todas las esponjas se agrupan en el filo Porifera, que significa animales que tienen poros. Es precisamente a través de esos poros como entra el agua en su interior, filtrándose la materia orgánica en suspensión que le sirve de alimento.


La canasta de flores de Venus o esponja de cristal (Euplectella aspergillum), como también se la llama, es un bello porífero que se ancla en el fondo marino gracias a su peculiar esqueleto, que es extraordinariamente flexible. Pertenece al grupo de las hialoesponjas, esponjas vítreas o esponjas de cristal (clase Hexactinellida) y fue descrita en 1841 por el gran zoólogo inglés Richard Owen (1804-1892), quién hablaría de ella como una de las más singulares, bellas y raras producciones marinas de las Islas Filipinas.


Encontrar a un miembro de la misma especie para aparearse debe ser muy difícil en el océano profundo. Quizás por eso, los camarones de la especie Spongicola japonica vean una oportunidad en el esqueleto de esta esponja, que no deja de ser una jaula de cristal. Los pequeños crustáceos han de penetrar en su interior cuando aún son larvas y una vez que crezcan no podrán salir. Es un ejemplo de simbiosis, los camarones limpian a la esponja de parásitos y ella les proporciona alimento. Esta peculiaridad de su biología ha hecho muy famosas a estas esponjas, especialmente en Japón donde estos esqueletos son regalos de boda muy apreciados pues simbolizan el voto "hasta que la muerte nos separe".


Pero lo más interesante de esta especie, que ha llamado la atención no sólo de biólogos, sino también de ingenieros, arquitectos, etc. es la complejidad estructural de su esqueleto, que le confiere una extraordinaria estabilidad mecánica. Dicha firmeza es el resultado de un ensamblaje jerárquico, en el que se pueden distinguir hasta siete niveles. El proceso es muy complejo, ya que se parte de unas nanopartículas de sílice consolidadas que se organizan en anillos concéntricos microscópicos, que están pegados entre sí por una matriz orgánica, para formar espículas laminadas. Después, estas espículas se ensamblan en haces, gracias a un cemento a base de sílice laminado, para finalmente dar lugar a una estructura cilíndrica macroscópica de celosía cuadrada reforzada por aristas diagonales.


El diseño del esqueleto de la esponja de cristal permite trasmutar la fragilidad de su material base, el vidrio, y dotarle de una gran rigidez y resistencia mecánica, gracias a la combinación de estructuras tridimensionales a diferentes escalas, lo que se consigue a un mínimo coste. Este aspecto resulta esencial cuando hablamos de organismos que viven en ambientes donde los recursos críticos a menudo son limitados. Así, el esqueleto de E. aspergillum, que está constituido en un 90% de sílice, combinando materiales y estructuras relativamente simples puede dar lugar a materiales multifuncionales que puedan servir de inspiración para el diseño de nuevos materiales de alto rendimiento. Estudios recientes han demostrado que sus espículas anclaje son comparables a las fibras ópticas hechas por el hombre, en términos de propiedades ópticas, y superiores en términos de resistencia a la fractura.


La regadera de Filipinas es una de las especies más llamativas de la colección de esponjas del MNCN. Se conservan tres ejemplares, de los cuales dos proceden, según el historiador del Museo Agustín J. Barreiro, de la colección particular del profesor Graells, donada por su yerno a la muerte del sabio naturalista. También existen dos preparaciones microscópicas de 1911 y 1912, esta última de la Estación de Biología Marina de Santander. Las dos preparaciones proceden de ejemplares colectados por Francisco Ferrer Hernández, un gran especialista en esponjas que trabajó en esa época en el Museo.


Referencias bibliográficas:


Blanco, L. 2018. La infinita biblioteca de la biodiversidad biológica acelerará la capacidad de la biomimética. Naturalmente, 19: 16-21.


Monna, M. A., Weaverb, J. C., Zhang, T., Aizenbergb, J., Kesari. H. 2015. New functional insights into the internal architecture of the laminated anchor spicules of Euplectella aspergillum. PNAS, 112(16): 4976-4981. https://doi.org/10.1073/pnas.1415502112


Sánchez-Almazán, J. I. 2017. La colección histórica de esponjas del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN.CSIC): 1771-1939. Graellsia, 73(2): e060. http://dx.doi.org/10.3989/graellsia.2017.v73.181

 

James C. Weaver, J. C., Aizenberg, J., Fantner, G. E. et al. 2007. Hierarchical assembly of the siliceous skeletal lattice of the hexactinellid sponge Euplectella aspergillum. Journal of Structural Biology, 158: 93-106.

La plaga que cambió el mapa del viñedo en España

14/11/2018

La filoxera (Daktulosphaira vitifoliae) es un insecto de origen americano que se alimenta de las raíces y las hojas de la vid. Está considerada como la plaga más devastadora en la historia de la viticultura mundial, que provocó el fin del cultivo tradicional de la vid en Europa: más de cinco millones de hectáreas de viñedo tuvieron que ser arrancadas en el continente entre 1870 y 1930. El Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) conserva valioso material del estudio que realizó el antiguo director del Museo, Mariano de la Paz Graells, sobre esta plaga.

 

Durante la segunda mitad del siglo XIX los viñedos de Europa fueron atacados por tres plagas de origen americano que provocaron una crisis vitivinícola sin precedentes. Dos de las plagas, el oidium y el mildiu, son inducidas por hongos y sólo podían ser combatidas con tratamientos químicos, azufre en el caso de la primera y sulfato de cobre en el de la segunda. Ambas plagas dañaban las hojas y las uvas, pero no mataban la vid. La crisis, iniciada con la plaga de oidium y agravada con el mildiu, alcanzó un nivel inédito con la filoxera, una plaga producida por un insecto minúsculo que fue introducido en Europa hacia 1863 junto con plantas importadas de Estados Unidos.


Se trataba de un hemíptero que parasitaba la vid americana, en la que vivía sin dañarla, pero al transferirlo a la vid europea se descubrió que devastaba sus raíces provocándole la muerte. La filoxera había sido descrita por vez primera en Estados Unidos en 1854 como Pemphigus vitifolii por el entomólogo Asa Fitch, un nombre que un año después se corrigió a P. vitifoliae, y Schimer transfirió al género Daktulosphaira, resultando en el nombre válido con el que lo conocemos hoy. Otros entomólogos le darían otros nombres, aunque el más empleado hasta nuestros días fue el que le dio el francés Planchon en 1868, Phylloxera vastatrix.


El ciclo biológico de este parásito es muy complejo ya que presenta formas diferentes en distintos períodos de su vida. Existe una forma gallícola, o filoxera de las hojas, que son hembras ápteras que se reproducen por partenogénesis -sin fecundación- y otra forma radicícola, o filoxera de la raíz, que es la forma más dañina. El ciclo es diferente sobre la vid americana, donde se desarrolla el ciclo completo, que sobre la vid europea, donde sólo se produce la fase radicícola. También existe una fase sexuada, en la que las hembras ponen un único huevo, llamado huevo de invierno, sobre la corteza de las cepas y en primavera, coincidiendo con el brote de la planta, nacen las hembras fundadoras gallícolas que se instalan en las hojas y fundan las primeras colonias, completando así el ciclo de reproducción.


En su afán por hacer útil la ciencia entomológica a los agricultores, Graells estaba muy interesado en el estudio de los insectos que causaban plagas en los cultivos, y en el modo en que podía defenderse de ellos el agricultor. En 1875, antes de que la filoxera alcanzase España, el gobierno creó una comisión para dirigir los trabajos contra la plaga, a cuyo frente puso a Graells. Para escribir la memoria que el gobierno le había encomendado, tuvo que visitar las zonas afectadas en Francia, ir a los congresos agrícolas en los que se debatiese el tema, así como asistir a las conferencias internacionales filoxérico-diplomáticas de Lausana y Berna, en las que representaba a España como científico plenipotenciario. En 1881 publicó un documentadísimo informe de 1.014 páginas sobre la filoxera, en el que se abordaban aspectos zoológicos, agronómicos, fitosanitarios, legales, etc.


En contra de lo que preveían los estudiosos, la filoxera no entró en España por los Pirineos. Poco antes de promulgarse la ley contra la filoxera, el 9 de julio de 1878, que se demostraría ineficaz por la falta de fondos, se publicó la presencia del insecto en los viñedos del Lagar de la Indiana, una finca situada a 20 km de Málaga. Al parecer habían sido infectados por la importación de plantas traídas desde Burdeos; esa fue la causa, y no, como se intentó hacer creer a la gente, la acción de unos bandoleros de Ronda que la habrían traído desde Gibraltar. Un mes más tarde la plaga se había extendido a otras viñas y en 1879 el insecto invadía Cataluña. Entre 1896 y 1903 se extendió por el Valle del Ebro y en 1899 llegó a La Rioja.


Al parecer, su entrada en la Península Ibérica tuvo lugar durante los años 1870 por tres focos muy alejados entre sí: Oporto, Málaga y Girona. Los dos primeros fueron provocados por la importación de pies americanos. El tercero se produjo por la invasión natural desde Francia a través del Rosselló y los Pirineos Orientales. Posteriormente habría al menos otros focos provocados por la compra de pies americanos, siendo los de mayor repercusión los de Mallorca (1891), Pamplona (1896) y Valencia (1905-1906). Al contrario que en Francia, donde la filoxera en sólo dos décadas se extendió por todo el país, en la Península tardó medio siglo en llegar al corazón de La Mancha.


Finalmente se cumplían las previsiones que Graells había esbozado en su primer informe, en el que, de antemano, daba por perdida la batalla. Apuntaba, resignado, la única solución posible: sustituir las viñas filoxeradas por pies americanos, que eran inmunes a la plaga, a los que se injertarían las plantas europeas. En cualquier caso, la filoxera afectó de manera desigual a las diferentes zonas, de modo que las áreas que fueron afectadas más tarde (Rioja, Cariñena, Requena, Jumilla, Tierra de Barros y La Mancha) incrementaron notablemente la superficie de sus viñedos, aprovechando la destrucción que padecían los de Cataluña, Andalucía o la cuenca del Duero. Tanto es así, que el mapa del viñedo que había en España en 1875 no tenía nada que ver con el que había 50 años después, al final de la crisis.


La colección de Entomología del MNCN conserva algunas de las preparaciones microscópico-entomológicas y ampelo-filoxéricas que realizó Graells con ejemplares de filoxera y cepas atacadas. Con este material pretendía facilitar el conocimiento del parásito en sus diversas formas y el de las alteraciones que produce en las vides que ataca, así como descubrir los focos infectados y las viñas filoxeradas y, por último, enseñar este tema en las cátedras de Historia Natural y de Agricultura de los institutos y las consultas indispensables en las comisiones provinciales de defensa contra la plaga.


Graells creó dos tipos de colección. Una que se utilizaba "para el servicio indagatorio de los expertos filoxéricos", que constaba de tres ejemplares de filoxera, varias preparaciones de alteraciones de la vid, tubos para guardar los ejemplares y una lente Stenope para examinar las raicillas. Se guardaba en un estuche de hojalata y costaba 50 pesetas. La otra colección estaba destinada a la enseñanza y reunía nueve preparaciones microscópico-entomológicas, incluidos algunos parásitos de la vid como el ácaro Tyroglyphus philoxerae, 40 preparaciones ampelográfico-patológico-filoxéricas, y muestras de semillas de vides europeas y americanas para servir de guía en la elección de las castas resistentes. Se guardaba en una caja de cedro y costaba 150 pesetas.


Referencias bibliográficas:


Azcárate Luxán, I. 1996. La Filoxera. En: Plagas agrícolas y forestales en España en los siglos XVIII y XIX, pp. 193-280. Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, Secretaría General Técnica. Serie Estudios: 131. 439 p.


Favret, C., Blackman, R. L. Miller, G. L., Victor, B. 2016. Catalog of the phylloxerids of the world (Hemiptera, Phylloxeridae). Zookeys, 629: 83-101. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC5126539/


Graells, M. P. 1878. Conferencia agrícola, que sobre el tema la filoxera de la vid, dió el Ilmo. Señor Don Mariano de la Paz Graells en el Paraninfo del Instituto Industrial del Ministerio de Fomento, el día 12 de mayo de 1878. Imp. Manuel G. Hernández, Madrid.


Graells, M. P. 1881. La Phylloxera Vastatrix: Memoria que sobre la historia natural de este insecto, los daños que produce ... ha sido escrita de Real Órden por el Ilmo. Sr. D. Mariano de la Paz Graells. Imp. del Colegio Nacional de Sordo-Mudos y de Ciegos, Madrid.


Pérez Moreno, I. 2002. Entomología aplicada (IV). La filoxera o el invasor que vino de América. Aracnet 9 - Bol. S.E.A., 30: 218-220.


Piqueras Haba, J. 2005. La filoxera en España y su difusión espacial: 1878-1926. Cuadernos de Geografía, 77: 101-136.

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