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Historia del Museo

Fundación y primera época (1771-1814)

<center>Vista actual del Museo Nacional de Ciencias Naturales</center>
Vista actual del Museo Nacional de Ciencias Naturales

 

El actual Museo Nacional de Ciencias Naturales fue creado por el Rey Carlos III, en 1771, como Real Gabinete de Historia Natural.

 

 

A lo largo de la historia ha cambiado su nombre por: Real Museo de Ciencias Naturales en 1815, por Museo de Historia Natural en 1847 y por Museo de Ciencias Naturales de Madrid en 1857. El nombre actual fue otorgado por una Real Orden de 1913.

 

 

 

 

El Museo Nacional de Ciencias Naturales es heredero del Real Gabinete de Historia Natural (RGHN), creado el 17 de octubre de 1771 por el rey Carlos III a partir de las excelentes colecciones de Pedro Franco Dávila, Pedro Franco Dávilacomerciante criollo nacido en Guayaquil (entonces del Virreinato del Perú y hoy de la República del Ecuador) en 1711, y que residió en París desde 1745 hasta 1772 (Romeo Castillo y De la Vega Pozo, 1987; Calatayud, 1988).

 

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En la capital francesa formó un renombrado gabinete que era, en palabras del botánico francés Michel Adanson, «verosímilmente el más rico que ningún particular haya formado». En él destacaban, en lo relativo a historia natural, la parte de mineralogía, así como las colecciones malacológicas y de otros invertebrados marinos como corales y esponjas («poliparios») y equinodermos («zoófitos»).También contaba con una extensa biblioteca de más de 1.230 volúmenes y magníficas colecciones de «curiosidades del arte»: más de 300 piezas de carácter etnográfico, unas 250 arqueológicas y entre 12.000 y 13.000 objetos de arte (grabados, medallas, cuadros, etc.) (Villena et al., 2009).

 

 

 

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Dávila fue miembro de las más prestigiosas instituciones científicas de la época, entre ellas la Royal Society, la Academia Imperial de Ciencias de Berlín y la de San Petersburgo y la Academia de Anticuarios de Cassel. Pertenecía además a dos importantes instituciones españolas: la Sociedad Bascongada de Amigos del País y la Real Academia de la Historia (Calatayud, 1988).

 

En 1767 había publicado en París una obra en tres volúmenes en la que describía sus colecciones, el Catalogue Systématique et Raisonné des Curiosités de la Nature et de l’Art (título abreviado)Catalogo_Dávila, citada por muchos naturalistas de la época y posteriores, como Romé de L´Isle, Ignaz, el barón de Born, D´Argenville o el sueco Wallerius. La obra era un auténtico tratado de historia natural por la precisión y acierto de sus agrupaciones (muchas de ellas, en particular en lo concerniente a corales, con categoría de familias actuales), por la descripción detallada de muchos de los ejemplares, la definición científicamente muy precisa de diversos grupos o la inclusión de esponjas y corales en el reino animal (algo que aún debatían muchos naturalistas de la época) (Villena et al, 2009).

 

Dávila fue nombrado director del RGHN, cargo que ocupó hasta su muerte en 1786, pues, como escribió el padre Enrique Flórez, prestigioso ilustrado, al que se le pidió dictamen para la posible aceptación de las colecciones de Dávila en una carta dirigida al marqués de Grimaldi (entonces Ministro de Estado), «hasta hoy no conocemos en España otro de tal instrucción, práctica y experiencia» (refiriéndose al campo de la historia natural).padre Enrique Flórez 

 

La creación del RGHN fue un acontecimiento de gran relevancia en la vida cultural de la España ilustrada y en ella intervinieron, apoyando la adquisición del gabinete de Dávila, instituciones y personalidades muy importantes de la Ilustración española. Entre las primeras, la Real Academia de la Historia, con Campomanes al frente, y la Sociedad Bascongada de Amigos del País, con el conde de Peñaflorida y el marqués de Montehermoso, amigos de Dávila. Entre las segundas, el conde de Fuentes (embajador de España en París), Bernardo de Iriarte (oficial de la Secretaría de Estado) e ilustrados famosos como el ya citado Enrique Flórez (Villena et al., 2009).

 

Anteriormente, en 1752, durante el reinado de Fernando VI, se había creado otro Gabinete, conocido como la Real Casa de la Geografía, dirigido por Antonio de Ulloa, pero la caída en desgracia del marqués de la Ensenada, su impulsor, dos años después y la consiguiente salida del establecimiento de Ulloa poco más tarde hicieron que dicho gabinete apenas funcionara como tal, como se recoge en un documento del archivo del MNCN (de noviembre de 1773), donde se dice: «quedó el Gabinete muerto». De ahí que el Real Gabinete y, por tanto, el MNCN, no puedan considerarse herederos de dicha institución. Antes bien, el RGHN fue un proyecto enteramente nuevo, acorde con el período más pujante de la Ilustración en España, la época carolina (Corella, 1987; Sánchez Almazán et al., 2012).

 

El Real Gabinete se instaló en el palacio de Goyeneche, en la calle de Alcalá, tras unas obras de acondicionamiento que duraron desde 1773 a 1775 y en las que intervino el arquitecto Diego de Villanueva (hermano del creador del edificio del Museo del Prado) y, tras la muerte de éste en 1774, el conde de Pernia. Compartió sede con la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Una inscripción en la fachada plasmaba el ideal ilustrado de unir bajo un mismo techo la Naturaleza y el Arte: «Carolus III rex. Naturam et Artem sub uno tecto in publicam utilitatem consociavit. mdcclxxiv». Abierto al público el 4 de noviembre de 1776, el RGHN fue uno de los primeros museos en admitir a toda clase de visitantes, sin restricción de procedencia o clase social.

 

Apoyó la labor de Dávila en el RGHN el conocido ilustrado canario José Clavijo y FajardoJosé Clavijo y Fajardo, uno de los primeros periodistas españoles, redactor de artículos en El Pensador, que fue nombrado en 1777 «Formador de índices» (encargado del registro de la institución, de la confección de catálogos y de la formación de la biblioteca, entre otras funciones). Además de emprender la traducción de la obra de Buffon, Clavijo fue, tras la muerte de Dávila, un gran impulsor de toda clase de iniciativas tendentes a la divulgación y estudio de la historia natural, desde la creación de una Escuela de Mineralogía en el Real Gabinete hasta el apoyo de expediciones científicas. Como subdirector se eligió a Eugenio Izquierdo, al que Dávila había protegido en París en sus años juveniles obteniendo para él una pensión de estudio. Izquierdo apenas se ocupó del RGHN por sus múltiples misiones como supervisor de algunas Reales Fábricas, espía en la Francia revolucionaria y ministro plenipotenciario ante Napoleón, bajo las órdenes de Manuel Godoy. Otro nombramiento crucial fue el de Pintor y Disecador, que recayó en la figura del valenciano Juan Bautista Bru, tras la muerte del joven Francisco de Eguía, que había sido una apuesta personal de Dávila (Villena et al., 2009).

 

 

Dávila y Clavijo impulsaron desde el RGHN el fomento de la historia natural en España y sus dominios a través de la exposición, ordenada de acuerdo a los criterios científicos de la época, de toda clase de «producciones naturales», principalmente procedentes de la Península Ibérica, América y Filipinas, y la enseñanza de la misma. Para el primero de estos objetivos se emitió como Real Orden la llamada Instrucción de 1776 (título abreviado), dirigida a todas las autoridades del imperio (desde virreyes y gobernadores a corregidores, alcaldes mayores e intendentes), a los que se responsabilizaba del envío al RGHN de las «producciones naturales» de interés que se encontrasen en los territorios bajo su jurisdicción (Sánchez Almazán et al., 2012; 2013). Además se apoyaron e impulsaron numerosas expediciones científicas (este aspecto cobrará gran importancia a últimos de siglo). El segundo objetivo llevará a intentar establecer cátedras donde se impartieran las disciplinas de historia natural, algo que se hará realidad a finales de siglo, con el establecimiento en el Real Gabinete de una Escuela de Mineralogía, dirigida por el alemán Christian Herrgen.

 

Los envíos de «producciones naturales» y «curiosidades del arte» se sucedieron a un ritmo elevado, por lo que, dada la escasez de personal del Real Gabinete, muchos de ellos quedaron almacenados en buhardillas y otros cuartos. Dávila pidió recursos para paliar esta situación, así como para arreglar diversos desperfectos (desgaste de baldosas, rotura de vitrinas) y realizar obras de mejora en el edificio, peticiones que a menudo no pudieron ser atendidas con la premura requerida, a pesar de la implicación personal de los primeros ministros de la época, Grimaldi y Floridablanca (Sagaste Abadía, 2010; 2016; Villena et al., 2009; Ruud, 2012). 

 

El propio Carlos III manifestó un interés constante en la institución y donó a ella muchos de los animales recibidos como regalo, entre ellos el elefante indio y el oso hormiguero (Mazo, 2006 y 2008), además del Tesoro del Delfín, una gran colección de piezas, alhajas, cristales tallados, etc., herencia de su abuelo, el Gran Delfín de Francia. Este Tesoro del Delfín pasó al Museo del Prado en 1839 (Arbeteta, 2001).

 

Esqueleto de Elephas indicus Ejemplar de Elephas indicus naturalizado
Esqueleto de Elephas indicus   

 

   Ejemplar de Elephas indicus naturalizado 

 

 

Otra fuente de ingreso de piezas fue el intercambio con otros centros y particulares. Entre los primeros estuvieron algunos de los más importantes entonces en Europa, como la Royal Society o el Gabinete Imperial de Viena, gracias a los excelentes contactos establecidos por Dávila durante su estancia en París (Sánchez Almazán et al., 2012). Dávila realizaba un examen personal de las piezas que iban llegando, valorando su importancia y documentándolas, como queda reflejado en los múltiples documentos que a este respecto se conservan en el Archivo del Museo. Mostraba particular interés por ejemplares raros o por aquéllos que completaran las series correspondientes de acuerdo a la clasificación establecida en la época (Villena et al., 2009).

 

Desde el Real Gabinete se establecieron corresponsalías por toda la Península para conseguir envíos regulares. Se dio igualmente orden para que se incorporasen al centro piezas destacadas de gabinetes particulares, como el del conde de Saceda o el del infante don Luis de Borbón (hermano de Carlos III) o procedentes de la Casa de la Geografía. Entre las piezas notables que ingresaron cabe destacar el meteorito de Sena, caído en 1773; la colección iconográfica de Van Berkheij, cuyo inventario fue realizado en buena medida por el propio Dávila en los últimos meses de su vida; los corales y peces enviados desde Baleares por el pintor Cristóbal Vilella (Azcárate y Salinero, 1995); el célebre megaterio (Megatherium americanum), que llegó en 1788 proveniente de Río Luján, en tierras argentinas, y que fue la primera reconstrucción y montaje que se hizo de un vertebrado fósil, descrito por Cuvier; la colección de peces, esponjas y decápodos de Antonio Parra, que vino de Cuba en 1789, y una remesa de azufre cristalizado de Conil (Cádiz) traída por Javier Molina en 1792 (Barreiro, 1944). También ingresaron diversos objetos de las culturas precolombinas procedentes de las excavaciones realizadas en la época y piezas de arte chino enviadas desde Filipinas (Sagaste, 2016).

 

Megatherium americanum
Megatherium americanum  

 

La primera publicación del Real Gabinete fueron los dos tomos de Bru, Colección de láminas que representan los animales y monstruos del Real Gabinete de Historia Natural de Madrid (1784-1786). Posteriormente apareció el Diccionario histórico de los Artes de Pesca nacional (1791-1795), de Bru y Antonio Sáñez Reguart

 

Ante la falta de espacio en el RGHN se proyectó construir un nuevo edificio que lo albergase y a tal fin se le pidió a Dávila en 1785 que redactara una Nómina de las piezas que se creen necesarias para la colocación del Real Gabinete de Historia Natural y de curiosidades del Arte que en él se contienen. La obra, dirigida por el arquitecto Juan de Villanueva, albergaría muchos años después el Museo del Prado.

 

Tras la muerte de Dávila en 1786, la dirección efectiva del Real Gabinete recayó en Clavijo, a pesar de que el director nominal era Izquierdo. Hasta su salida del RGHN en 1802, Clavijo desplegó una gran actividad. Además de promover y apoyar todo tipo de expediciones científicas, como la de Malaspina (1789-1794), la de los hermanos Heuland a Bolivia y Chile (1795-1800) (Divito, 1978) y el viaje de Humboldt (1779-1804) (Puig-Samper, 1991), impulsó la creación de una Real Escuela de Mineralogía en el Real Gabinete y la publicación en 1799 de los Anales de Historia Natural, de los cuales aparecieron 21 números entre 1799 y 1804. En esta publicación, que a partir del número 7 cambió su nombre por el de Anales de Ciencias Naturales, colaboraron, entre otros, el mineralogista alemán Christian Herrgen, el botánico español José Cavanilles y el químico francés Louis Proust.

 

La guerra contra Napoleón, ruinosa en tantos aspectos para España, también lo fue para el Real Gabinete, que cerró sus puertas e interrumpió sus enseñanzas y sufrió el saqueo de las fuerzas francesas en su retirada de 1813, con la colaboración del disecador Pascal Moineau. La derrota napoleónica trajo la reclamación por parte del gobierno español de los objetos robados, que se restituyeron en parte (Barreiro, 1944). En 1814 se reanudó la actividad del centro, bajo la dirección de Manuel Cástor, y en 1815 el Real Gabinete pasó a llamarse Real Museo de Ciencias Naturales.

 

Cuadro Oso Hormiguero MNCN

 

En el actual Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN) subsiste un valioso mobiliario de la época del Real Gabinete, como la mesa de Manila que utilizó Dávila, los muebles y el reloj fabricados en tiempos de Floridablanca (en el actual despacho de dirección) o las mesas de piedras duras, además de pinturas como la del oso hormiguero o el Cuadro de la Historia natural Civil y Geográfica del reino del Perú (Velasco, 2006; González Alcalde, 2010, 2011; Pino Díaz et al., 2014).

 

Redacción a cargo de Javier Sánchez Almazán

 

 

Historia del Museo

Segunda época (1815-1900)

El Real Museo de Ciencias Naturales mantendrá este nombre hasta 1847, en el que pasó a llamarse Museo de Historia Natural. En 1815 se redactó un reglamento para el museo y a

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En el año 1900 llega al gobierno de la nación la idea clara de lo que la institución del Museo de Ciencias Naturales es y representa, qué gobierno y qué medios

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La Guerra Civil en 1936 ocasionó un nuevo retroceso al MNCN, parte de su dirección (los Bolívar, padre e hijo, José Royo Gómez, etc.) se fue a la Delegación

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A últimos de 1984, la Junta de Gobierno del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) adoptó la resolución de reestructurar el Museo Nacional de Ciencias

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