Encuentro de Biología Teórica con Diego Rasskin-Gutman

Biología Teórica: una visión personal

(Toma el modelo y corre)

 Diego Rasskin Gutman, Biología Teórica, ICBiBE, Univ. de Valencia

Retransmisión  https://www.youtube.com/live/pHYDnNrCUJw

 La biología se mueve entre la observación naturalista, la experimentación y la teorización. Esta última, vista como la generalización de lo observado o de los resultados experimentales, se asume con normalidad en el laboratorio moderno. Sin embargo, hay otro tipo de teorización que surge de una perspectiva bien distinta, dentro de una “Biología Teórica”, cuya ambición, desde sus principios, es la de constituirse en un campo de saber biológico “semi”-independiente. Este tipo de teorización incluye la formulación de modelos abstractos, la matematización, la formalización y una especial sensibilidad por la epistemología, la historia y la filosofía de la ciencia. 

 La biología teórica nace de la conjunción de varios elementos de la ciencia decimonónica y de principios de siglo veinte; se reinventa a partir de la postguerra en la segunda mitad de dicho siglo e intenta sobrevivir como puede en este primer cuarto de siglo. No hay una definición clara que la describa plenamente: "estudio teórico de todo aquello relativo a la biología", por ejemplo, lo dice todo y no nos dice nada. La biología teórica, el biólogo y la bióloga teórica, posee ante todo una actitud ante la ciencia y, claro está, ante la biología.

 Es una actitud que procede del modus operandi de la ciencia en general: la abstracción de la observación y la generalización a partir del reconocimiento de pautas, patrones y tendencias, ese comportamiento aceptado en el laboratorio moderno al que aludíamos en el primer párrafo. Pero, mientras naturalistas y empiristas no están dispuestos a analizar esas pautas, patrones y tendencias sin datos empíricos, el punto de vista teórico parte de la suposición de que el estudio del comportamiento de un modelo puede estar contándonos algo útil acerca de un suceso biológico (sin olvidar el dictum de George Box: "todos los modelos están equivocados, pero algunos son útiles").

 Esta creencia, genera una búsqueda que no se encuentra implícita en la observación y la experimentación: la búsqueda de leyes, principios generales o mecanismos más particulares que subyacen a los procesos naturales. Así, en esencia, la biología teórica adolece de lo que se ha denominado "envidia por la física"; envidia de la capacidad de abstracción y de la profusión de modelos predictivos para la descripción y la comprensión de la realidad de la física teórica. Por ejemplo, mientras que la física no tiene reparo en establecer "un plano de superficie infinita" o "un punto adimensional" para realizar sus modelos, la biología experimental encuentra absurdo cualquier abstracción de las características biológicas que vayan más allá de los sistemas de medición. 

 La biología teórica, por su parte, se desvive por justificar sus supuestos abstractos. Pues bien, voy a centrar la charla en un viaje, personal, que me llevó desde mis tiempos de estudiante al presente en el descubrimiento e incorporación de un tipo de biología que sólo puede definirse como una actitud, una perspectiva, ante el hecho de "lo vivo"; decir que esa perspectiva, que esa actitud, es teórica, es decir que uno, al final del camino, sigue siendo un biólogo, en teoría.

 En esta trayectoria, hay una serie de influencias claras de autores que defendieron la actitud teórica con gran clamor: Geoffroy, Goethe, Thompson, Rashevsky, Waddington, Thom, Goodwin, Kaufman, Raup, Gould y Alberch. Se trata de autores muy dispares que abarcan un abanico temporal de casi doscientos años. El recorrido por todos ellos desembocará, en esta charla, de manera natural, en la teoría de morfoespacios: el análisis de las formas imposibles y de aquellas que, aunque posibles, nunca han existido, conforma un espacio global de estudio en donde ubicar a las formas que sí han ocurrido a lo largo de la evolución, incluidas las que existen en la actualidad. Conceptos como disparidad y diversidad morfológica, fáciles de analizar en formas actuales, se distorsionan al considerar que el espacio de formas es, en realidad mucho mayor. Pero, ¿cómo entender este espacio de formas cuando éstas no son posibles o nunca han existido a pesar de serlo? Al enunciar la posibilidad de formas imposibles e inexistentes estamos enunciando la existencia de una característica biológica fundamental que une la teoría evolutiva con el desarrollo embrionario, la existencia de restricciones o constreñimientos morfológicos. En efecto, la forma orgánica, como producto directo del desarrollo embrionario, está sometida a restricciones de múltiple naturaleza, entre los que destacan los que atañan a los materiales biológicos, a la topología y geometría, a la obtención de energía o a la funcionalidad durante la formación del embrión. La teoría de morfoespacios, uno de los pilares de la biología teórica paleobiológica y, más adelante, de la Evo-Devo, ofrece un marco de estudio en donde se generan modelos de muy diversa naturaleza (matemáticos, biofísicos, formales) que permiten el análisis de la disparidad y de la diversidad en ese meta espacio de posibilidad e imposibilidad de la forma orgánica.


 

Fecha

  • Martes, 24 Febrero 2026

Horario

12:00

Ubicación

Salón de actos

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