Una figura clave en la historia del MNCN
El final del siglo XIX y el comienzo del XX supusieron para España una época de rápidas transformaciones encaminadas a modernizar el país y conectarlo con las vanguardias europeas. En este agitado pero ilusionante periodo de cambios sociales, culturales y tecnológicos, el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN), y en general la ciencia española, tuvo la enorme suerte de poder contar con la figura excepcional de Ignacio Bolivar Urrutia, al que se dedica buena parte de este número, con motivo de los 175 años de su nacimiento.
Con una temprana vocación naturalista, y desde el mayor rigor científico, Bolivar se convirtió con los años en una autoridad con prestigio mundial en el estudio de los insectos ortópteros (describiendo numerosas nuevas especies en España). Pero sus logros fueron mucho más allá de la entomología. Consiguió por oposición una plaza permanente en el MNCN, que le permitía realizar su investigación y en paralelo obtuvo la plaza de catedrático en la Universidad Central de Madrid, gracias a la cual pudo desarrollar una extensa actividad docente (bajo la influencia directa de las ideas reformadoras Krausistas de la Institución Libre de Enseñanza). Además, tuvo una significativa actividad de gestión y política, impulsando la estructuración del sistema científico español.
A lo largo de su vida, fue el socio fundador más joven de la Real Sociedad Española de Historia Natural, director del MNCN y del Real Jardín Botánico, Presidente de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, y académico de número de la Real Academia Española y la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, entre otros cargos y honores. Tras la guerra civil, Bolivar, con casi 90 años, tuvo que exiliarse en México, donde aún realizaría importantes contribuciones académicas y científicas hasta su muerte en 1944.
La etapa en la que Bolivar fue director del MNCN puede considerarse trascendental para nuestra institución. Consiguió del gobierno que el MNCN tuviera la sede actual y puso en marcha numerosas iniciativas para modernizarlo: fue valedor de las ideas darwinianas, impulsó las colecciones científicas, fomentó los viajes de muestreo, estableció una conexión estrecha con la Universidad Central, creó estaciones de campo, organizó congresos y promovió la publicación de monografías de la serie Trabajos del Museo Nacional de Ciencias Naturales, el intercambio de revistas con otros museos o la compra de libros. Por todo ello, queremos aprovechar la conmemoración
para reivindicar su vida y obra en una exposición que se inaugurará en noviembre.